En el mundo de las empresas, con el tiempo, algunas palabras fueron variando de significado en el marco de su vinculación con las organizaciones de la sociedad civil. Y, lo que en algún momento pareció suficiente, desde lo conceptual, fue quedando limitado para definir un abanico de acciones que cada vez se diversifica más.
Así, la filantropía, saludada durante décadas como la acción a realizar desde el mundo empresarial para vincularse con la comunidad, fue dejándole paso a la cada vez más afincada Responsabilidad Social Empresaria (RSE). Y esa misma sigla también fue refundándose en una combinación de demandas, necesidades, globalidad y convicciones.
Y, si bien todavía cuenta con mucho por dar y miles de empresas –sobre todo pymes– guardan cuentas pendientes en el cajón de las cosas por hacer al respecto, otras fueron mutando a un nuevo concepto más amplio, más abarcativo y, según la voz de entidades especializadas en la temática consultadas por Tercer Sector, más importante y necesario: la sustentabilidad.
En el amplio universo de realidades empresarias, algunas se autodenominan sustentables, otras aseguran que sus prácticas apuntan a eso, fundamentalmente vinculadas con el medio ambiente; otras mantienen ambos conceptos y sobre muchas otras se podría dudar sobre si, en realidad, sólo se trata de un mero cambio de denominación.