Es domingo y amenaza con llover, pero desde las once de la mañana, los chicos del barrio esperan sentados en la costanera, como cada fin de semana, a que el Centro Cultural Nómade abra sus puertas y en pocos minutos, despliegue en la vereda de la Fundación Proa una veintena de atriles y sillas que van a llenarse de crayones, acuarelas, lápices de colores, botellas de plástico y cartones. El Nómade es un container portuario, de esos que se usan para trasladar mercaderías en barco; visto de afuera parece una gran caja de zapatos varada en el corazón de La Boca.
Al mediodía, la caja se abre y los chicos se cruzan de la costanera a las puertas de Proa. El entusiasmo es tan contagioso que en cuestión de minutos se suman varios chicos más: los que salen del museo, los turistas que fueron a visitar el paseo de Caminito, los hijos de los artesanos. Algunos llegan solos; otros vienen de la mano de los hermanos mayores. Otros con sus papás o con sus mamás. La propuesta de hoy es pensarse uno mismo y pensar el barrio como una identidad y expresar todas las ideas que se les crucen por la cabeza con frases, dibujos, estructuras de cartón y papeles de colores reciclables.
En eso están, chicos y adultos, hasta que empieza a llover. Laura Ferreiros es la coordinadora del Equipo de Educadores que dirige las actividades del Nómade; está empapada y hace señas para que los chicos se cubran de la lluvia y guarden sus dibujos. “Nadie quería irse, pero en algún momento tuvimos que suspender los talleres porque empezó a llover fuerte”, contará después. El chaparrón duró unos cuarenta minutos, como suele pasar con las tormentas de verano. El cielo se despejó de a poco y los chicos, volvieron a sus atriles.
El Centro Cultural Nómade es un proyecto de los arquitectos Gustavo Diéguez y Lucas Gilardi (A77), financiado por el Grupo Techint. La idea surgió a partir de una pregunta: ¿qué se puede hacer con un contenedor? El Centro Metropolitano de Diseño organizó un concurso al que llamó Contenedores de diseño para el mundo y los arquitectos lo ganaron con este centro cultural ambulante que guarda atriles, mesas y un baúl construidos con la madera maciza que se utiliza para trasladar vidrios blindados. Por dentro, el container parece un gran rompecabezas de cubos de madera encastrados.
“Presentamos el proyecto y la gente de Proa se interesó enseguida”, contó Gustavo Diéguez. La Fundación Proa tiene sede en el barrio porteño de La Boca, al sur de la Ciudad de Buenos Aires. En sus salas se exhiben muestras itinerantes de arte contemporáneo con el apoyo de Techint, un grupo de empresas multinacionales que trabajan en la producción de acero y tubos, en la construcción y la generación energía.