Año 13, Nro 62 Nota de tapa
 

Veneno corre por mis aguas

Contaminados

El cianuro utilizado durante la explotación y exploración de minas a cielo abierto contamina ríos superficiales y subterráneos, lo que impacta en la producción, la flora, la fauna y también en la salud de la gente. Los pobladores se organizan para conseguir una ley que los ampare.

Textos Sebastián Hacher

Tercer Sector en San Juan y La Rioja

Daniela vive en las afueras de Jáchal, provincia de San Juan. Tiene 30 años y un oficio curioso: es rezadora. Si algún paisano fallece, ella se presenta en la casa del finado, rosario en mano, para que el alma se vaya en paz. Reza nueve rosarios durante el velorio, y uno por igual cantidad de días consecutivos, a veces sin poder volver a su casa. Ella no se queja. Sabe que a veces, por más que el frío invite a no salir de la cama, hay que trabajar igual. Eso lo aprendió de su padre. Con sus setenta y pico a cuestas, todavía lo oye salir de madrugada para regar sus cultivos.

–Si tenemos turno para usar agua a las 12 de la noche, hay que levantarse. Si no, te la roban. En época de siembra la cebolla necesita mucho riego. No podés dejar pasar un solo día, porque a veces nos toca una vez por semana.

La familia de Daniela y el resto de los 20 mil habitantes del pueblo dependen del río Jáchal, que se forma de la confluencia de otros dos que bajan de la cordillera: el Blanco, que viene salado y cargado del brío de la montaña, y Las Taguas, de agua dulce y cristalina. Ambos se abrazan en el dique Cuesta del Viento, donde se equilibran las sales de uno con la dulzura del otro, y se concentran para regar el valle donde se asienta la población.

La vida de este poblado con ritmo de domingo parecía tranquila, sin sobresaltos, hasta que Barrick Gold S.A., una multinacional con base en Canadá, montó el proyecto Veladero sobre el margen del río Las Taguas, a 100 kilómetros en línea recta del Jáchal. Veladero es una mina a cielo abierto de donde se obtiene oro y, en menor medida, plata. Para la extracción se muelen hasta 36 mil toneladas de roca por día, se las transporta en 22 camiones con ruedas de tres metros de largo y, por último, se la procesa usando agua y siete toneladas de cianuro, en una pileta de 14 hectáreas de diámetro. Allí se separa el mineral de la roca, y los desechos se colocan en un dique de cola, un enorme basurero que quedará allí durante miles de años. Según la empresa, en ese proceso se utilizan unos 110 litros de agua por segundo. Para los expertos, esa cifra es hasta diez veces mayor. Los campesinos de la zona pagan las consecuencias.

“Si antes de la minería –dice Daniela– el agua era un problema, ahora es imposible. Este año hubo nevadas y tendría que haber agua, pero hace poco la cortaron durante 12 días. Tuvimos que cargar agua en baldes y damajuanas para darles de tomar a los animales. Si no, se nos morían.”

S. L., un hombre de 40 años cuyo temor a perder el trabajo le hace preferir el anonimato, tuvo que dejar de arrendar tierras, y ahora trabaja por 200 pesos en la municipalidad. “Antes, cuando el precio de la cebolla variaba, esperabas a que aumente. Ahora, como viene el agua, se pudre enseguida. A mí me agarró un precio bajo, la guardé y me arruinó.”

Lito Gómez, otro productor de Jáchal, estudió por qué su producción salía tan mala. Sus conclusiones lo aterraron: “La mina Veladero está en una biosfera que es patrimonio de la humanidad. Son montañas que tienen millones de años y el solo hecho de removerlas rompe el equilibrio. Mueven rocas que tienen minerales, y esos minerales caen con la nieve al agua. Después, usan hasta 10 o 20 toneladas diarias de explosivos... Ponete a pensar la cantidad de polvo metalífero que largan. Lo que no trae el agua lo trae el viento zonda. En una hora todo ese polvo llega acá”.

Las locas de Jáchal

María José Salazar es docente. Rosa Muñoz, ama de casa. En enero de 2002, crisis mediante, ambas salieron a la calle. El detonante fue que los docentes no cobraban, pero pronto se sumó todo el pueblo. María José recuerda esos días. “En febrero intervienen Jáchal, y en setiembre de 2002 destituyen al gobernador Alfredo Avelin. Duhalde le había cortado la coparticipación, porque él no quería arcordar con el FMI la entrega de los recursos naturales. Subió como gobernador Ubaldino Acosta y sin que nadie se enterara le dio el OK a Veladero”.

Un año después, asumió en la provincia José Luis Gioja. Ingeniero, dueño de lo que algunos llaman “una carrera política minera”, Gioja puso todos sus esfuerzos en que Veladero empiece a funcionar. El objetivo era pasar a la segunda etapa del proyecto de Barrick Gold: Pascua Lama, una explotación minera compartida con Chile, tres veces más grande que Veladero.

La resistencia social se empezó a hacer oír. En abril de 2004, con el proyecto de Veladero en fase de exploración avanzada, llegaron a Jáchal los asambleístas de Esquel, pioneros en resistir los avances mineros. Ayudaron a organizar asambleas, reuniones, a instalar del tema en los medios. El panorama era promisorio, pero los hombres de Gioja no tardaron en reaccionar.

“El gobierno empezó a bombardear con información, a sembrar dudas, a hacer de todo para romper las asambleas. Las asambleas se diluían en la nada. Entonces un día nos cansamos y armamos un grupo de madres, las Madres Jachaleras”, recuerda María José.

Para Rosa, los primeros tiempos de las Madres Jachaleras fueron duros, fundacionales de una forma de resistir: “Eramos las locas. Tratábamos de que venga gente y no nos daban bolilla. Pero seguimos porque dijimos: nosotras salimos porque tenemos que defender a nuestros hijos. Y con eso en la cabeza, nadie te puede parar”.

Uno de los grandes problemas fue que la Barrick comenzó a hacer beneficencia. Se trata de una práctica común de las mineras: comprar ambulancias, auspiciar fiestas locales y dar charlas en escuelas. En las últimas semanas, por ejemplo, cuarenta periodistas de toda la región participaron de un curso de manejo de camionetas 4x4 organizado por la empresa, y no es extraño ver en los diarios locales editoriales defendiendo a la minería a cielo abierto.

Pero la evidencia, a veces, es más fuerte. Las madres y un grupo de pobladores juntaron 5.000 firmas contra la contaminación del agua y enviaron a analizar muestras del río. En mayo de 2005, sus aguas tenían 69 miligramos de arsénico por litro, unos 19 más que lo permitido. Un año después, con el proyecto Veladero a pleno, tenía 260 miligramos por litro en el río, y el agua potable 120 miligramos. Por eso, en cada hogar jachalero hay un dispenser de agua envasada, y los viejos cántaros campesinos se guardaron como piezas de museo.

Con esos resultados en la mano, continuaron con la juntada de firmas. Lo hicieron a pie y en bicicleta, hasta llegar a las 5.000. Pero cuando las presentaron en el Concejo Deliberante, la respuesta del gobierno fue acusarlas de falsificación. En mayo pasado, sin embargo, sucedió un hecho que cambiaría las cosas: los medios nacionales tomaron el ejemplo de Jáchal, y lo mostraron como paradigma de contaminación y entrega. “Vino la televisión y con eso la gente se dio cuenta de lo que está pasando. Lo tuvieron que escuchar de gente de afuera para darnos bolilla”, se enoja Rosa.

Pero tanto esfuerzo no fue en vano. A principios de julio, más de 200 regantes de Jachal se plantaron en la audiencia pública donde se debía decidir si se le otorgaba el agua que Barrick pide para su proyecto de Pascua Lama. Después de un rotundo “no”, los productores amenazaron con hacer una movilización en la plaza del pueblo. Allí hay un monumento a la cacerola, que apunta al poder político con un mensaje claro: la historia puede repetirse.

La ruta de oro riojano

Carolina Suffich nació y vive en Famatina, una pequeña localidad nogalera de la provincia de La Rioja. Su familia es dueña del almacén de ramos generales del pueblo. Por eso, todos los días recibe el diario local y desayuna con las noticias. “Una mañana leímos que el intendente de Famatina y los concejales habían ido a visitar el proyecto Veladero. Después, el 19 de abril de 2006, vino el entonces gobernador Ángel Maza a decir que teníamos que prepararnos porque íbamos a tener otro perfil en el pueblo, que vendría la minería y con ella el trabajo”.

Inquietos por la noticia, un grupo de docentes y comerciantes de Famatina y Chilecito –la ciudad vecina– se empezaron a reunir. Al principio eran un puñado que se dedicaba a recopilar información y hacer contactos. Pronto supieron lo que estaba pasando: Barrick Gold planeaba abrir un proyecto minero en pleno cerro Famatina, un paisaje agreste y fantástico donde hay un glaciar que provee de agua a toda la región. La alarma se encendió. “Hablamos con las escuelas y armamos una jornada con los grados más altos. Para ellos se estaba volviendo familiar el tema, algo de todos los días. Entonces vinieron los de la Secretaría de Minería de la provincia y pidieron hablar con nosotros”, recuerda Carolina.

Los funcionarios fueron citados a una asamblea en la que se reunieron 150 personas en el salón comunitario. Los políticos venían preparados para dar discursos, pero se encontraron con un televisor. “El día anterior –explica Carolina– nos había llegado Asecho a la ilusión, una película que explica cómo las empresas mineras intentan ganarse al pueblo con ayuda de los gobiernos. Después de la película, los tipos ya no tenían argumentos. Hablaban de una geomembrana que iba a garantizar que no haya filtraciones de cianuro. Pero la geomembrana es tierra apisonada, y eso tiene que drenar para algún lado. Decían que la minera utiliza 1.000 litros de agua por segundo y nosotros tenemos un caudal de 700, por lo que van a tener que perforar el glaciar. Todo eso le dijimos y se fueron con la cola entre las patas. Ahí empezó la batalla”.

Después de esa jornada, en Chilecito se formó la Coordinadora de Ciudadanos por la Vida. Por su mayor cercanía con los centros de poder, eso le dio visibilidad a la lucha. “Pero llegamos a un techo y no sabíamos qué hacer. Entonces dijimos bueno: cortemos la ruta, demos un impacto. El primer corte fue a mediados de enero. Fue duro, porque la mayoría no estamos acostumbrados. Pero también fue una inyección de energía”, cuenta Carolina.

Con la experiencia de los primeros cortes, decidieron redoblar la apuesta: bloquearle el paso a la Barrick. La idea era cortar la ruta en Peñas Negras, camino de tierra por el que subían los camiones. En secreto se programó para el 8 de marzo, pero sucedió algo inesperado: “Ese día en la Cámara de Diputados –explica Marcela Cravet, otra asambleísta– trataron la prohibición de la minería a cielo abierto. Pero la ley habla de explotación y la empresa dice que está en etapa de exploración, por eso hicimos el corte igual. Lo que pensamos es que van a buscar la forma de hacerlo y que si no, van a pedir un resarcimiento”.

Dos días después, con el corte instalado, Barrick Gold pidió una reunión con los manifestantes para anunciar que se iba del pueblo. Pero el bloqueo no se levantó. “A los pocos días se desdijeron y anunciaron que iban a suspender la actividad hasta ver cómo se define el tema electoral. Ellos esperan que se disuelva la resistencia social junto con el cambio de gobierno”, continúa Marcela.

Desde hace ya cinco meses, el corte de ruta sigue asentado en el comienzo del camino. No es un corte tradicional: las asambleístas vigilan desde una garita al costado de la barrera negra y amarilla que colocó la Municipalidad de Famatina. Se turnan para cuidarlo. Cada tanto, algunos empleados de Barrick Gold intentan subir disfrazados de turistas. Es que arriba, aseguran, está el campamento de la compañía que todavía sigue intacto, como un pueblo fantasma esperando que lo terminen de desmontar.

Cómo conectarse

Asociación de Familias Rurales del Norte Jachalero

familiasrurales@yahoo.com.ar

Asambleas de Vecinos Autoconvocados por el No a la Mina

www.noalamina.org

Ciudadanos por la Vida

info@ciudadanosporlavida.com.ar

http://www.ciudadanosporlavida.com.ar

Asamblea de vecinos autoconvocados de Esquel por el no a la mina

sosesquel@yahoo.com.ar

Fundación Cullunche

www.fundacioncullunche.org


 

 
 
 
 
 
 
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