Veneno
corre por mis aguas
Contaminados
El cianuro utilizado durante la explotación y
exploración de minas a cielo abierto contamina ríos
superficiales y subterráneos, lo que impacta en
la producción, la flora, la fauna y también
en la salud de la gente. Los pobladores se organizan para
conseguir una ley que los ampare.
Textos Sebastián Hacher
Tercer Sector en San Juan y La Rioja
Daniela vive en las afueras de Jáchal, provincia
de San Juan. Tiene 30 años y un oficio curioso:
es rezadora. Si algún paisano fallece, ella se presenta
en la casa del finado, rosario en mano, para que el alma
se vaya en paz. Reza nueve rosarios durante el velorio,
y uno por igual cantidad de días consecutivos, a
veces sin poder volver a su casa. Ella no se queja. Sabe
que a veces, por más que el frío invite a
no salir de la cama, hay que trabajar igual. Eso lo aprendió de
su padre. Con sus setenta y pico a cuestas, todavía
lo oye salir de madrugada para regar sus cultivos.
–Si tenemos turno para usar agua a las 12 de la
noche, hay que levantarse. Si no, te la roban. En época
de siembra la cebolla necesita mucho riego. No podés
dejar pasar un solo día, porque a veces nos toca
una vez por semana.
La familia de Daniela y el resto de los 20 mil habitantes
del pueblo dependen del río Jáchal, que se
forma de la confluencia de otros dos que bajan de la cordillera:
el Blanco, que viene salado y cargado del brío de
la montaña, y Las Taguas, de agua dulce y cristalina.
Ambos se abrazan en el dique Cuesta del Viento, donde se
equilibran las sales de uno con la dulzura del otro, y
se concentran para regar el valle donde se asienta la población.
La vida de este poblado con ritmo de domingo parecía
tranquila, sin sobresaltos, hasta que Barrick Gold S.A.,
una multinacional con base en Canadá, montó el
proyecto Veladero sobre el margen del río Las Taguas,
a 100 kilómetros en línea recta del Jáchal.
Veladero es una mina a cielo abierto de donde se obtiene
oro y, en menor medida, plata. Para la extracción
se muelen hasta 36 mil toneladas de roca por día,
se las transporta en 22 camiones con ruedas de tres metros
de largo y, por último, se la procesa usando agua
y siete toneladas de cianuro, en una pileta de 14 hectáreas
de diámetro. Allí se separa el mineral de
la roca, y los desechos se colocan en un dique de cola,
un enorme basurero que quedará allí durante
miles de años. Según la empresa, en ese proceso
se utilizan unos 110 litros de agua por segundo. Para los
expertos, esa cifra es hasta diez veces mayor. Los campesinos
de la zona pagan las consecuencias.
“Si antes de la minería –dice Daniela– el
agua era un problema, ahora es imposible. Este año
hubo nevadas y tendría que haber agua, pero hace
poco la cortaron durante 12 días. Tuvimos que cargar
agua en baldes y damajuanas para darles de tomar a los
animales. Si no, se nos morían.”
S. L., un hombre de 40 años cuyo temor a perder
el trabajo le hace preferir el anonimato, tuvo que dejar
de arrendar tierras, y ahora trabaja por 200 pesos en la
municipalidad. “Antes, cuando el precio de la cebolla
variaba, esperabas a que aumente. Ahora, como viene el
agua, se pudre enseguida. A mí me agarró un
precio bajo, la guardé y me arruinó.”
Lito Gómez, otro productor de Jáchal, estudió por
qué su producción salía tan mala.
Sus conclusiones lo aterraron: “La mina Veladero
está en una biosfera que es patrimonio de la humanidad.
Son montañas que tienen millones de años
y el solo hecho de removerlas rompe el equilibrio. Mueven
rocas que tienen minerales, y esos minerales caen con la
nieve al agua. Después, usan hasta 10 o 20 toneladas
diarias de explosivos... Ponete a pensar la cantidad de
polvo metalífero que largan. Lo que no trae el agua
lo trae el viento zonda. En una hora todo ese polvo llega
acá”.
Las locas de Jáchal
María José Salazar es docente. Rosa Muñoz,
ama de casa. En enero de 2002, crisis mediante, ambas salieron
a la calle. El detonante fue que los docentes no cobraban,
pero pronto se sumó todo el pueblo. María
José recuerda esos días. “En febrero
intervienen Jáchal, y en setiembre de 2002 destituyen
al gobernador Alfredo Avelin. Duhalde le había cortado
la coparticipación, porque él no quería
arcordar con el FMI la entrega de los recursos naturales.
Subió como gobernador Ubaldino Acosta y sin que
nadie se enterara le dio el OK a Veladero”.
Un año después, asumió en la provincia
José Luis Gioja. Ingeniero, dueño de lo que
algunos llaman “una carrera política minera”,
Gioja puso todos sus esfuerzos en que Veladero empiece
a funcionar. El objetivo era pasar a la segunda etapa del
proyecto de Barrick Gold: Pascua Lama, una explotación
minera compartida con Chile, tres veces más grande
que Veladero.
La resistencia social se empezó a hacer oír.
En abril de 2004, con el proyecto de Veladero en fase de
exploración avanzada, llegaron a Jáchal los
asambleístas de Esquel, pioneros en resistir los
avances mineros. Ayudaron a organizar asambleas, reuniones,
a instalar del tema en los medios. El panorama era promisorio,
pero los hombres de Gioja no tardaron en reaccionar.
“El gobierno empezó a bombardear con información,
a sembrar dudas, a hacer de todo para romper las asambleas.
Las asambleas se diluían en la nada. Entonces un
día nos cansamos y armamos un grupo de madres, las
Madres Jachaleras”, recuerda María José.
Para Rosa, los primeros tiempos de las Madres Jachaleras
fueron duros, fundacionales de una forma de resistir: “Eramos
las locas. Tratábamos de que venga gente y no nos
daban bolilla. Pero seguimos porque dijimos: nosotras salimos
porque tenemos que defender a nuestros hijos. Y con eso
en la cabeza, nadie te puede parar”.
Uno de los grandes problemas fue que la Barrick comenzó a
hacer beneficencia. Se trata de una práctica común
de las mineras: comprar ambulancias, auspiciar fiestas
locales y dar charlas en escuelas. En las últimas
semanas, por ejemplo, cuarenta periodistas de toda la región
participaron de un curso de manejo de camionetas 4x4 organizado
por la empresa, y no es extraño ver en los diarios
locales editoriales defendiendo a la minería a cielo
abierto.
Pero la evidencia, a veces, es más fuerte. Las
madres y un grupo de pobladores juntaron 5.000 firmas contra
la contaminación del agua y enviaron a analizar
muestras del río. En mayo de 2005, sus aguas tenían
69 miligramos de arsénico por litro, unos 19 más
que lo permitido. Un año después, con el
proyecto Veladero a pleno, tenía 260 miligramos
por litro en el río, y el agua potable 120 miligramos.
Por eso, en cada hogar jachalero hay un dispenser de agua
envasada, y los viejos cántaros campesinos se guardaron
como piezas de museo.
Con esos resultados en la mano, continuaron con la juntada
de firmas. Lo hicieron a pie y en bicicleta, hasta llegar
a las 5.000. Pero cuando las presentaron en el Concejo
Deliberante, la respuesta del gobierno fue acusarlas de
falsificación. En mayo pasado, sin embargo, sucedió un
hecho que cambiaría las cosas: los medios nacionales
tomaron el ejemplo de Jáchal, y lo mostraron como
paradigma de contaminación y entrega. “Vino
la televisión y con eso la gente se dio cuenta de
lo que está pasando. Lo tuvieron que escuchar de
gente de afuera para darnos bolilla”, se enoja Rosa.
Pero tanto esfuerzo no fue en vano. A principios de julio,
más de 200 regantes de Jachal se plantaron en la
audiencia pública donde se debía decidir
si se le otorgaba el agua que Barrick pide para su proyecto
de Pascua Lama. Después de un rotundo “no”,
los productores amenazaron con hacer una movilización
en la plaza del pueblo. Allí hay un monumento a
la cacerola, que apunta al poder político con un
mensaje claro: la historia puede repetirse.
La ruta de oro riojano
Carolina Suffich nació y vive en Famatina, una
pequeña localidad nogalera de la provincia de La
Rioja. Su familia es dueña del almacén de
ramos generales del pueblo. Por eso, todos los días
recibe el diario local y desayuna con las noticias. “Una
mañana leímos que el intendente de Famatina
y los concejales habían ido a visitar el proyecto
Veladero. Después, el 19 de abril de 2006, vino
el entonces gobernador Ángel Maza a decir que teníamos
que prepararnos porque íbamos a tener otro perfil
en el pueblo, que vendría la minería y con
ella el trabajo”.
Inquietos por la noticia, un grupo de docentes y comerciantes
de Famatina y Chilecito –la ciudad vecina– se
empezaron a reunir. Al principio eran un puñado
que se dedicaba a recopilar información y hacer
contactos. Pronto supieron lo que estaba pasando: Barrick
Gold planeaba abrir un proyecto minero en pleno cerro Famatina,
un paisaje agreste y fantástico donde hay un glaciar
que provee de agua a toda la región. La alarma se
encendió. “Hablamos con las escuelas y armamos
una jornada con los grados más altos. Para ellos
se estaba volviendo familiar el tema, algo de todos los
días. Entonces vinieron los de la Secretaría
de Minería de la provincia y pidieron hablar con
nosotros”, recuerda Carolina.
Los funcionarios fueron citados a una asamblea en la
que se reunieron 150 personas en el salón comunitario.
Los políticos venían preparados para dar
discursos, pero se encontraron con un televisor. “El
día anterior –explica Carolina– nos
había llegado Asecho a la ilusión, una película
que explica cómo las empresas mineras intentan ganarse
al pueblo con ayuda de los gobiernos. Después de
la película, los tipos ya no tenían argumentos.
Hablaban de una geomembrana que iba a garantizar que no
haya filtraciones de cianuro. Pero la geomembrana es tierra
apisonada, y eso tiene que drenar para algún lado.
Decían que la minera utiliza 1.000 litros de agua
por segundo y nosotros tenemos un caudal de 700, por lo
que van a tener que perforar el glaciar. Todo eso le dijimos
y se fueron con la cola entre las patas. Ahí empezó la
batalla”.
Después de esa jornada, en Chilecito se formó la
Coordinadora de Ciudadanos por la Vida. Por su mayor cercanía
con los centros de poder, eso le dio visibilidad a la lucha. “Pero
llegamos a un techo y no sabíamos qué hacer.
Entonces dijimos bueno: cortemos la ruta, demos un impacto.
El primer corte fue a mediados de enero. Fue duro, porque
la mayoría no estamos acostumbrados. Pero también
fue una inyección de energía”, cuenta
Carolina.
Con la experiencia de los primeros cortes, decidieron
redoblar la apuesta: bloquearle el paso a la Barrick. La
idea era cortar la ruta en Peñas Negras, camino
de tierra por el que subían los camiones. En secreto
se programó para el 8 de marzo, pero sucedió algo
inesperado: “Ese día en la Cámara de
Diputados –explica Marcela Cravet, otra asambleísta– trataron
la prohibición de la minería a cielo abierto.
Pero la ley habla de explotación y la empresa dice
que está en etapa de exploración, por eso
hicimos el corte igual. Lo que pensamos es que van a buscar
la forma de hacerlo y que si no, van a pedir un resarcimiento”.
Dos días después, con el corte instalado,
Barrick Gold pidió una reunión con los manifestantes
para anunciar que se iba del pueblo. Pero el bloqueo no
se levantó. “A los pocos días se desdijeron
y anunciaron que iban a suspender la actividad hasta ver
cómo se define el tema electoral. Ellos esperan
que se disuelva la resistencia social junto con el cambio
de gobierno”, continúa Marcela.
Desde hace ya cinco meses, el corte de ruta sigue asentado
en el comienzo del camino. No es un corte tradicional:
las asambleístas vigilan desde una garita al costado
de la barrera negra y amarilla que colocó la Municipalidad
de Famatina. Se turnan para cuidarlo. Cada tanto, algunos
empleados de Barrick Gold intentan subir disfrazados de
turistas. Es que arriba, aseguran, está el campamento
de la compañía que todavía sigue intacto,
como un pueblo fantasma esperando que lo terminen de desmontar.
Cómo conectarse
Asociación de Familias Rurales del Norte Jachalero
familiasrurales@yahoo.com.ar
Asambleas de Vecinos Autoconvocados por el No a la Mina
www.noalamina.org
Ciudadanos por la Vida
info@ciudadanosporlavida.com.ar
http://www.ciudadanosporlavida.com.ar
Asamblea de vecinos autoconvocados de Esquel por el no
a la mina
sosesquel@yahoo.com.ar
Fundación Cullunche
www.fundacioncullunche.org
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