Año 14, Nro 69 Nota de Tapa
 
El desafío de trabajar con menos recursos

En un contexto de derrumbe financiero global, la sociedad civil se
prepara para afrontar la creciente demanda de asistencia. Mientras las organizaciones
apuestan al trabajo en red y buscan nuevas fuentes de recursos, el Estado anuncia
medidas para estimular la economía y contener a los más pobres. Las empresas,
cautelosas, analizan cómo revalidar su apoyo al sector social.

Textos: Andrea Vulcano

Creatividad, imaginación, innovación, inteligencia, trabajo en red, liderazgo, diálogo, alternativas, esfuerzo, austeridad. Estas palabras comienzan a repetirse todos los días en torno de lo que ya repiquetea en la realidad cotidiana: la crisis. La desaceleración de la economía y la incertidumbre en torno de la continuidad de las fuentes de financiamiento empiezan a hacerse sentir
en el corazón del sector social. Preocupadas por los efectos que el derrumbre financiero internacional acarreará para la economía, y ocupadas en dar respuesta a una mayor demanda
de ayuda y en paliar sus golpeados presupuestos, quienes trabajan en organizaciones
sociales saben que se avecinan tiempos difíciles o, al menos, complejos. Por eso, afrontan un fin de año a toda marcha, procurando generar nuevas alianzas y buscando alternativas para
la captación de recursos. De alguna manera, se trata de desempolvar las enseñanzas que dejó la
debacle del 2001-2002, aún con algunas cicatrices y heridas abiertas.
“Las organizaciones hemos madurado mucho en los últimos seis años, con lo cual estamos más preparadas y tenemos gimnasia para enfrentar una crisis”, asegura Mirna Szulmajster, de la Fundación Tzedaká.

Juan Carr, de la Red Solidaria, prefiere no hacer pronósticos sobre cómo impactará la situación económica mundial y, si bien admite que puede aber “una retracción de fondos”, plantea
que lo verdaderamente importante es “recaudar compromisos”, sobre todo por parte de aquellos que ejercen “el poder real”. “Ojalá fuera sólo un problema de recursos; en verdad, es mucho más
complejo. Acá lo primero que hay que hacer es un acuerdo inédito para preservar
el empleo”, afirma.
Según un trabajo de la Escuela de Economía de la Universidad Católica Argentina (UCA) y TNS-Gallup que mide el Índice General de Expectativas Económicas (Igee), las perspectivas de los argentinos exhiben “un fuerte deterioro”.
De acuerdo con esta medición, entre enero y octubre del 2008, la tasa cayó 31 puntos con respecto al valor observado al cierre del 2007, lo que representa una baja acumulada de 26,6 por
ciento en diez meses. El mismo trabajo revela además que ocho de cada diez consideran que la situación financiera global afectará de manera “considerable” la marcha de la economía.
“Hace rato que nosotros observamos que se va insinuando más el conflicto, la marginalidad, pero desde el último año lo vemos con más fuerza, sobre todo por el aumento que tenemos en la demanda, que centralmente está vinculada con el desempleo y el subempleo”, analiza Abel
Albino, presidente de la Fundación Conin (Cooperadora para la Nutrición Infantil), de Mendoza.
La salida está adentro “Los argentinos somos todos un poco pilotos de tormenta y tenemos un gran
ejercicio para atravesar crisis”, resume Evangelina Petrizza, directora ejecutiva de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), y plantea que, en estos momentos, “es cuando
más se necesita del trabajo de las organizaciones y cuando más compromiso hay que tener”.
En todos los casos, se sienten preparadas para afrontar un contexto crítico y las recetas parecen ser las mismas.

“Responder a una crisis históricamente es encontrarse, reunirse, juntarse para trabajar en red, en comunidad”, señala Carr.
Para Ernesto Tocker, director del servicio de Empleo de la Amia, “la experiencia del 2002 fue educadora para ver qué herramientas son más efectivas y tienen menores costos”. Para la Red Argentina de Bancos de Alimentos, la clave pasa por “apoyarse en redes y alianzas con otras organizaciones”. Y ya empezaron a andar ese camino, por ejemplo en Tandil, donde tendieron
lazos con Cáritas y la Sociedad Rural con el fin de encarar un trabajo conjunto.
También para el sector empresario aquel cimbronazo con el que Argentina arrancó el siglo aportó algunas moralejas “Uno de los aprendizajes que sin duda dejó en las entidades donantes es que
no se deberían dejar de lado los programas y acciones para atender la urgencia en una coyuntura crítica”, señala Carolina Langan, directora de Programas del Grupo de Fundaciones y Empresas
(Gdfe). “Lo cierto es que tanto los donantes como las organizaciones de la sociedad civil se encuentran más articuladas, organizadas y con una mayor creatividad que en 2001 para enfrentar posibles escenarios adversos”, remata. Obviamente, el avispero no está revuelto solamente en Argentina.

El desafío de sostener la agenda de desarrollo es ya un tema central para algunos
organismos multilaterales. De hecho, el 26 y 27 de noviembre pasado se desarrolló en Nueva York el Segundo Foro del Pensamiento Social Estratégico en América latina, organizado por el
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid). Allí se alertó que la crisis financiera actual, junto
con los precios volátiles de los alimentos y del combustible, amenaza con echar por tierra años de crecimiento, estabilidad y mejoras en materia de desarrollo humano que muchos países latinoamericanos consiguieron tras arduos esfuerzos.


Más demanda alimentaria
Al margen de los números macroeconómicos y de los pronósticos, en el terreno concreto, el termómetro de la crisis va exhibiendo marcas ineludibles.
La Red Argentina de Bancos de Alimentos, que reúne a los 14 que existen en el país, hizo un sondeo entre mil organizaciones destinatarias de sus donaciones que reflejó no sólo un
aumento en la demanda, sino también una reducción en la cantidad y la calidad de los comestibles que se ofrecen a la gente. Paralelamente a esto, se engrosó el número de entidades anotadas
en las listas de espera.
“Cada vez se complica más dar respuesta a todos los pedidos. Por un lado, se incrementó la cantidad de gente que solicita asistencia alimentaria en las parroquias y también el número de chicos que van a los comedores y, por el otro, el recurso no es suficiente o alcanza para
cada vez menos”, cuenta Claudio Spícola, director interino de Cáritas de la diócesis de Quilmes, que asiste a unos 10 mil niños y a unas 8 mil familias.
“La verdad es que estamos preocupados porque nosotros dependemos mucho de los subsidios estatales y de la solidaridad de la comunidad y, si recrudece la crisis y más gente se queda sin trabajo, todo se va a complicar, e incluso esto puede repercutir en las donaciones. De hecho ya
nos está pasando”, agrega.
En la Red Solidaria, que trabaja en la construcción del llamado “Mapa del hambre”, también tienen el mismo registro.
“A los comedores no les alcanza para comprar los alimentos que necesitan porque, por un lado, la plata rinde menos y, por el otro, hay una suba en la demanda, que si bien no se trata de una estampida, sí es un claro movimiento”, señala Carr.
También el Departamento de Programas Sociales de la Amia registró en los últimos cinco meses un aumento de entre un 10 y un 15 por ciento en los pedidos de ayuda. “Está surgiendo nuevamente la demanda de respuesta a necesidades básicas”, afirma la responsable de esta área,
Nora Blaistein, y señala que, “de acuerdo con estudios consultados, el año próximo habrá un incremento aún mayor”.


Sin remedio
En lo que a salud respecta, la Fundación Tzedaká tiene en marcha el Banco Comunitario de Medicamentos Refuot, que distribuye remedios entre unas 3.500 personas por mes en 64 centros de asistencia distribuidos en todo el país. “La accesibilidad a los fármacos es un tema complicado en la Argentina de hoy y prevemos un aumento de la demanda para el año próximo”,
indica Szulmajster.
De todas maneras, asegura que están “bien respaldados” para atender este posible incremento gracias a la fructífera campaña de recaudación de medicamentos que realizaron recientemente
junto a Cáritas Buenos Aires, en la que lograron hacerse de un volumen de drogas un 50 por ciento mayor al del año pasado.
La situación no es la misma en Quilmes, donde, según cuenta Spícola, “están aumentando los pedidos y, por otro lado, desde el Estado se están entregando menos cantidad y menos
variedad de remedios”. Por eso, tienen las expectativas puestas en los resultados de una iniciativa solidaria y en un bono contribución, cuya recaudación será usada para realizar compras
en farmacias.


Empleo en baja
Hablar de tiempos de crisis es sinónimo de desempleo, subocupación e inestabilidad laboral. Más allá de las pujas en torno de cifras que se dan en el terreno político, lo cierto es que, poco a poco, en las organizaciones vuelve a adquirir fuerza esta problemática, ya sea de manera directa o indirecta.
Así lo entiende Tocker, quien cuenta que, frente a este panorama, para 2009 el servicio de Empleo de la Amia prevé ofrecer una “mayor oferta de capacitación técnica laboral y una mayor cantidad
de cursos gratuitos de orientación para la búsqueda de trabajo”. Es que los resultados de este año no son alentadores: “Por un lado hubo alrededor de un 25 por ciento de baja en la demanda de personal por parte de las empresas y, en el 75 por ciento restante de los casos, se registró una fuerte ralentización de los plazos”, precisa.
La misma percepción tienen en el servicio de empleo “Dignidad” de Cáritas San Isidro.
“Desde mediados de año a esta parte venimos para abajo en materia de empleo. En función del volumen
que nosotros manejamos, realmente tuvimos una avalancha de llamados y de gente en la busqueda laboral”, cuenta Alberto Di Gennaro, responsable de este servicio que funciona hace once años. En este caso, los números también corroboran la complejidad de la situación: “En lo que va del 2008 logramos ubicar a 250 personas, mientras que otros años rondábamos las 400 o las 500”, grafica.
Las medidas lanzadas por el gobierno nacional son también una señal de que el escenario laboral no se avizora auspicioso. De hecho, para enfrentar los posibles efectos del derrumbe financiero
global, el Ejecutivo envió al Congreso un paquete de propuestas que incluye una moratoria impositiva y previsional, incentivos para la regularización del trabajo en negro y la creación de fuentes laborales, además de la repatriación y el blanqueo de capitales.
A estas medidas, se suman la reestatización de los fondos previsionales y un plan de incentivo a la producción, la inversión, el empleo y el consumo por 13.200 millones de pesos.
En su último informe, el Plan Fénix advirtió la necesidad de “avanzar en respuestas inmediatas y eficaces” ante la inminencia de un “escenario problemático en comparación con el entorno
en el que se desarrolló la actividad económica durante los últimos cinco años”.
De todos modos, si bien plantea que “no puede negarse que los efectos de esta crisis llegarán a nuestro país”, señala que la Argentina se encuentra en principio “menos expuesta al menos en
el canal financiero, porque su dependencia del ahorro externo es hoy en día más baja”.


Créditos retraídos
“En el terreno de las microfinanzas, existe la paradoja de que, a mayor crisis, se produce mayor demanda. Y últimamente ésta ha crecido enormemente. El microemprendimiento sigue siendo una
actividad de refugio. Si una familia se queda sin ingreso fijo, enseguida recurre a alguna actividad microempresarial y solicita un microcrédito”, sostiene Petrizza, de Radim.
Pero las ecuaciones no cierran y el panorama que la Radim vislumbra para el año próximo dista de ser alentador, dado que, según explica Petrizza, el sector en el que operan “depende mucho de la asistencia externa y los donantes institucionales están absolutamente retraídos. Muchos tienen temor a invertir en Argentina”.
Los recursos provenientes del exterior resultan fundamentales para un sector que debe buscar afuera lo que no consigue dentro. “En el área de las microfinanzas, no hay todavía una fuerte
presencia del financiamiento local, que sólo está vinculado a algunas instituciones”,
señalan con preocupación desde la red.
En la Fundación Pro Vivienda Social, en cambio, se inclinan por una mirada positiva.
“Nosotros, como entidad, somos bastante anticíclicos y, de hecho, ahora estamos iniciando un programa muy importante que beneficiará a 12 mil familias y que tiene que ver con la gasificación en sectores de bajos ingresos”, señalan. “En realidad estamos dando una señal de esperanza, en el sentido de que, aun en la crisis, se pueden hacer cosas”, plantea Raúl Zavalía Lagos, director de la organización.
Por su parte, Juan Padilla, vicepresidente de la asociación civil Inicia, plantea que “las microfinanzas andan bien en países que crecen a ritmo alto”, por eso, “el panorama para los próximos años es muy difícil, porque la tasa de morosidad de esas carteras puede aumentar”.
Además, señala que los recortes en la cooperación internacional “seguramente no se vean en lo inmediato, sino que se producirán en cámara lenta”.
A modo de ejemplo, consigna que hay organizaciones italianas que apoyan programas de pequeños créditos que en un principio “no se verán afectados porque ya estaban acordados los presupuestos” pero que sí “hay incertidumbre con respecto a lo que ocurrirá con esa ayuda a futuro”.


Fondos, se buscan
En todos los casos, la preocupación, la incertidumbre y la angustia que atraviesa el sector social pasa centralmente por el tema presupuestario y por las dificultades que encuentran para
hacer frente a la demanda. De hecho, la mayoría de las voces destacan los esfuerzos que están volcando en la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento, incluso en detrimento del
tiempo para la gestión propia de la organización.
La Fundación Pro Vivienda Social, recibe el apoyo de fundaciones internacionales,
entre ellas la Ford. Como estiman que habrá una retracción en los fondos otorgados –aunque todavía no tienen una comunicación oficial en ese sentido– decidieron iniciar una campaña de captación de donantes individuales.
“Para nosotros se trata de una etapa que recién empezamos, veremos qué resultados depara”, señala Zavalía Lagos.
Algo similar están encarando en la Fundación Tzedaká, donde la estrategia definida para el año próximo es “ampliar la base de donantes para poder tener fondeo suficiente” y “llevar adelante
programas compartidos con otras organizaciones y con el Estado”, según consigna
su directora ejecutiva.
“Las organizaciones están preocupadas, pero tiene que ser una oportunidad para buscar salidas innovadoras”, plantean desde la Red Argentina para la Cooperación Internacional (Raci).
Su coordinador ejecutivo, Guillermo Correa, asegura que “es una realidad” que el derrmbe
financiero global “afectará el financiamiento de las organizaciones”.
Sin embargo, señala que los efectos más inmediatos se sentirán, no tanto por la retracción de la cooperación pública externa, sino por una caída en la cooperación privada, tanto internacional
como local. “A diferencia de otras crisis, hace unos meses que vemos que ésta va a afectar y estamos pudiendo pensar qué acciones encarar con un poco más de anticipación; eso es positivo”,
asegura el coordinador de la Raci.
Con sus más y sus menos, todo parece indicar que el próximo año hará navegar a las organizaciones en aguas complejas y agitadas pero no desconocidas, en aguas que pondrán a prueba la capacidad de generar alternativas de supervivencia pero que, de ninguna manera, deben significar un naufragio.
Todo lo contrario, en todo caso se tratará de pilotear la tormenta.


Cooperación internacional en la mira

“La crisis internacional va a provocar inevitablemente una contracción en la ayuda exterior”,
asegura Guillermo Correa, coordinador ejecutivo de la Red Argentina para la Cooperación
Internacional (Raci). Según el análisis que realizan en la agrupación, la merma
de los fondos que llegan de afuera se dará en tres niveles diferentes, con distintos
plazos en su impacto para el sector social.
Por un lado, explica Correa, los recursos que los gobiernos de los países centrales destinan para el desarrollo se verán disminuidos “en lo inmediato” como resultado del
recorte del gasto público. Por otro lado, agrega, “los países que planifican su cooperación en forma trianual, como es el caso de la Unión Europea, ya tienen pautados los fondos para el año próximo, por lo que allí no se sentirán efectos en 2009 sino a partir de 2010”.
En tanto, la tercera pata de la reducción en las fuentes de financiamiento estará dada por las consecuencias del contexto global en las fundaciones privadas extranjeras, sobre todo las estadounidenses. “Algunos estudios señalan que han perdido entre un 20 y un 40 por ciento del capital”, indica el coordinador de la Raci.
El diagnóstico que realizan en la Red Argentina para la Cooperación Internacional es congruente con lo que plantean, por ejemplo, desde el Banco Mundial (BM). “Estamos en plena etapa de discusión de la Estrategia de Asistencia al País (EAP) 2009-2011 y, en ese marco, el gobierno está pensando en reforzar algunos programas sociales”, indican en la representación argentina del BM. Por ese motivo, descartan de plano que pueda haber alguna modificación en la estrategia que está en marcha. “No hay ningún cambio en lo que está en ejecución; ni siquiera se plantea esa posibilidad”, afirman categóricos.
La fundación Avina, de Suiza, es una de las que se verá afectada por la crisis.
En este sentido, Carlos March, su representante en Buenos Aires, estima que “es muy probable
que haya una revisión del presupuesto anual”. De todas maneras, aclara que el impacto que un eventual recorte en los fondos de Avina pueda causar en los socios que apoya en Argentina “es mínimo” porque “no es el principal donante de ninguna organización ni de ningún líder”.
“Quizás se pueda resentir una estrategia de la organización, pero la supervivencia de ninguna entidad depende de Avina”, agrega.
De todas maneras, ya piensan en transformar la crisis en una oportunidad.
“En realidad esto debería ser un tubo de ensayo para ver cómo enfrentar la crisis que viene, que es mucho más estructural y profunda, que es la crisis por el agua y la energía”, plantea March.
En tanto, consultada por Tercer Sector, la representante para Argentina, Paraguay y
Uruguay de la Fundación Interamericana (IAF), Gabriela Boyer, indicó que “en este momento”
la crisis financiera internacional “no tiene incidencia en nuestras acciones y programas”.
Quizás allí esté la clave: los efectos se harán sentir con el tiempo.


Apostar al crecimiento
POR JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZARCO *

Nuevamente nos toca demostrar que la inversión es la manera de salir de situaciones de crisis.
En 2003 apostamos al crecimiento y creemos que ésa es una forma de responsabilidad empresaria.
Por eso, para 2009 tenemos previsto seguir invirtiendo y, aún en situación de riesgo y con el esfuerzo que eso implique, vamos a continuar con todas nuestras actividades programadas. Aún cuando los números no den, aunque confiamos que van a dar.
Queremos que se nos deje de ver sólo como una compañía enorme, y se nos observe como algo que también somos: una empresa responsable. Telefónica ha logrado en el país la escolarización de 9 mil niños y queremos sumar a otros 500 chicos el año próximo.
Asimismo vamos a seguir trabajando fuertemente en la erradicación del trabajo infantil y en otros programas en materia educativa y de capacitación. Y no se trata de caridad.
Si las provincias, las intendencias y las comunidades crecen, nosotros también crecemos.
La situación que atravesó Argentina en 2001 nos ha dado una enorme fuerza y, con esa experiencia asumida, vamos a afrontar el 2009. No estamos dispuestos a participar
de la profecía de la crisis. Si las empresas apostamos fuerte a la inversión, esa crisis va a ser menor. Tenemos miles de empleados y no podemos permitir que la situación global los golpee.
* Director general de Relaciones Institucionales de Telefónica.


El Estado: fomentar la economía social

El gobierno nacional se siente preparado para enfrentar los efectos de la debacle financiera
internacional: por un lado, asegura que hay partidas suficientes y, por el otro,
apuesta al fortalecimiento de la economía social.
“No digo que la situación global no nos afectará en nada, pero a lo mejor Argentina sale fortalecida con respecto a otros países”, asegura a Tercer Sector Carlos Castagneto,
secretario de Coordinación y Monitoreo Institucional del Ministerio de Desarrollo
de la Nación. Y reflexiona: “No hay que ser alarmistas; pareciera que quisiésemos que nos vaya mal”. Si bien señala que para el año próximo no se prevé una reapertura del
Plan Familias –creado para absorber al plan Jefes y Jefas de Hogar–, aclara que “sí se pueden evaluar casos puntuales y, eventualmente, incorporarlos”.
De todos modos, Castagneto pone el acento en el Plan Nacional de Abordaje Integral
“Plan Ahí”, que a lo largo de 2008 habrá llegado a “barrios de 223 municipios” y que en 2009 aspira a alcanzar a “otros 85”. Este plan está destinado a “mejorar la calidad de vida
de las personas, familias y comunidades en situación de alta vulnerabilidad social”.
Para eso, el Ministerio “identificó las localidades más postergadas del país, donde están
los argentinos con mayores necesidades sociales”, precisa.
Por otro lado, detalla que actualmente su cartera destina 5.100 millones de pesos al pago
de pensiones asistenciales destinadas a ancianos sin cobertura, madres de más de siete hijos y personas con discapacidad. “La meta es llegar al millón el año próximo”, adelanta.
Sin embargo, la apuesta del gobierno está colocada en profundizar la economía social.
“Si vamos a potenciar algo, va a ser eso”, enfatiza Castagneto, quien indica que la idea es que “los productos puedan ingresar a las góndolas de los supermercados y a
los comercios”.
“El año que viene, el presupuesto del Ministerio de Desarrollo Social se va a incrementar
de los actuales 8.500 millones a 10.500 millones de pesos”, consigna el funcionario,
virtual número dos de la cartera, al tiempo que asegura que, en ese marco, “está asegurada la cobertura” de cada uno de los programas, así como también “el financiamiento
a las OSC” que trabajan junto al Estado.





Como conectarse


Fundación Tzedaká
5237-4000
www.tzedaka.org.ar

Red Solidaria
4796-5828
www.redsolidaria.presencia.net

Fundación Conin
0261-4205004
www.conin.org.ar

Red Argentina de Bancos de Alimentos
4393-3411
www.redbdea.org.ar

Cáritas diocesana Quilmes
4280-4661
www.caritas.org.ar

Amia
4959-8800
www.amia.org.ar

Cáritas diocesana San Isidro
Servicio de Empleo “Dignidad

4575-4267
dignidad@caritassanisidro.org.ar

Radim
4555-1567
www.reddemicrocredito.org

Fundación Pro Vivienda Social
4667-2794

Asociación Civil Inicia
4736-1200
www.inicia.org.ar

Red Argentina para la Cooperación Internacional
4342-7073
www.raci.org.ar

Grupo de Fundaciones y Empresas
5272-0513
www.gdfe.org.ar

Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible
4328-9593
www.ceads.org.ar

Red Argentina del Pacto Global de Naciones Unidas
4320-8731
www.pactoglobal.org.ar

Banco Mundial
4316-9700
www.bancomundial.org.ar

Pnud
4320-8700
www.undp.org.ar

Fundación Avina
4553-2123
www.avina.net

Fundación Interamericana
gboyer@iaf.gov

 
OPINIÓN
Ambulancias

POR FÉLIX BOMBAROLO *
Una vez más…, un pequeño grupo de ‘ilustres emprendedores globalizados’
realiza una maniobra financiera exitosa (para ellos…) que deja a millones
de personas desguarnecidas, temerosas, dependientes de ayuda, inciertas de futuro.Ya pasó durante el tequila, el vodka, el tango y ahora el
whisky…; siempre es lo mismo, parece no poder ser de otra manera.
Y siempre parece ser igual, también, lo que sucede luego: el Estado y las organizaciones
sociales salen a las calles, como ambulancias, a levantar muertos y heridos; tendales de gentes repletas de desesperanza y de dolor que no comprenden por qué una y otra vez se
convierten en el pato de la boda. Quizás esta nueva crisis financiera nos permita darnos cuenta de cómo funcionan las cosas
en este bendito sistema social que supimos construir y deseamos transformar. Quizá desde las organizaciones sociales podamos aprovechar este momento para pensar un poco más allá de la atención de los heridos y de cómo financiaremos nuestros gastos operativos
cuando se recorte la ayuda.
Las debacles económicas, las crisis financieras y sus nefastas consecuencias para la población
se producen en aras del discurso dominante: individualismo, competencia, negocios, mercado, eficiencia económica, gestión empresarial.
No será posible cambiar las cosas si, desde las organizaciones sociales, imaginamos un
desarrollo sostenido en estos mismos valores, conceptos y herramientas. Los valores y las prácticas han de ser otras, hay que buscarlas, proponerlas, difundirlas. Ese podría ser nuestro aporte en esta crisis; sería una excelente forma de dejar de asumirnos como ambulancias del sistema que padecemos e identificarnos como constructores de nuevos caminos de desarrollo, colectivos, solidarios, democráticos y equitativos…, en serio.
* Especialista en políticas y programas sociales. Integrante del Grupo Nauyaka.
OPINIÓN
En condiciones de enfrentar la crisis
POR ABRAHAM GAK *
La crisis financiera que se ha instalado en los países centrales se va expandiendo
a su economía real, con las previsibles consecuencias: desempleo, pobreza y malestar social. Su epicentro son los Estados Unidos
que, de esta manera, externalizan una situación que se fue generando durante los últimos decenios. Su importante déficit fiscal, año tras año, fue financiado
por el resto del mundo.
En este escenario, nuestro país, uno de los privilegiados de la región, debe decidir su
estrategia para la coyuntura y sobre todo para el mediano y largo plazo. Por ello reivindicamos
los principios que guiaron las medidas económicas que nos permitieron emerger de la crisis de 2001: creciente intervención del Estado, altas reservas, equilibrio de las variables macroeconómicas, superávit de la balanza de pagos y fiscal primario, reestructuración de
la deuda externa, competitividad externa, generación de empleos y avances crecientes en
la distribución del ingreso.
La Argentina debe crecer a tasas tan altas como se pueda y, desde luego, rechazar toda política que tienda a enfriar la economía. Para ello debe quedar en claro que el sector financiero
debe estar constreñido a su rol de servicio –uno muy importante para la producción, el desarrollo y el consumo– y no orientado a que la renta financiera sea un factor de acumulación
significativo en el producto bruto nacional.
Con una economía concentrada y extranjerizada, en niveles que no habíamos conocido
anteriormente, no será fácil transitar el camino elegido. Eso sólo será posible si se construye el gran pacto social que las circunstancias vuelven hoy más acuciante.
* Profesor Honorario de la Universidad de Buenos Aires.
 
 
La respuesta
empresaria

Mejorar la inversión,
apoyar a las
organizaciones y planificar
acciones a largo plazo sin
desatender las urgencias
son los principales
desafíos que se plantean
las compañías con
programas de RSE para
hacer frente a la crisis.
El fin de año encuentra a las empresas y fundaciones donantes en plena etapa de diagnóstico y de readecuación de sus programas de responsabilidad social.
Por eso, el desafío está puesto ahora en mantener y profundizar los programas
diagramados para el mediano y el largo plazo. En algunos casos, lo harán
con menos recursos y, en otros, aseguran
que mantendrán o incluso aumentarán los niveles de inversión. “A pesar del contexto de crisis global
que se vive en la actualidad, el objetivo primordial de Arcor es continuar y consolidar –desde el plano de la gestión y la institucionalización– el proceso integral
de responsabilidad social que viene desarrollando
desde hace varios años”, afirma Claudio Giomi, gerente corporativo de
Responsabilidad Social Arcor. “Para 2009 –dice Giomi– la compañía aspira
incluso a mejorar y desarrollar las instancias
de monitoreo y evaluación de su gestión en materia de RSE. Tiene como meta,
además, potenciar aún más un valor diferencial de la compañía: el trabajo
programático y estratégico con la cadena de valor y sus públicos clave. Para ello se
apoyará en su modo habitual de gestión,
basado en la integralidad (de las temáticas abordadas) y la transversalidad (buscando el apoyo y la participación de todos
sus colaboradores internos)”.
Desde el Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (Ceads), su director ejecutivo, Sebastián
Bigorito, enfatiza que “es una realidad que se va a tener que hacer más con menos recursos, pero el compromiso sigue”.
La incidencia de la crisis en la agenda de la RSE fue tema central de un encuentro que a fines de noviembre reunió
a representantes de una treintena de empresas.
Según Bigorito, una de las cosas que se sacó en limpio de ese debate fue que
las compañías cuentan hoy con un “grado de madurez y de profesionalismo
que no había en el 2001”. “Tenemos una capacidad de articular alianzas muy
grande, mucha experiencia acumulada y, también, más herramientas”, enumera.
De todos modos, si bien señala que todas
están “más preparadas para enfrentar una situación inevitable, tampoco hay
que perder de vista el rol de la empresa en la sociedad”. “Nosotros no somos expertos en resolver problemáticas sociales”, aclara. Por el momento, las claves que se plantean desde el sector empresario pasan por “hacer más eficiente el gasto social”, y por “profundizar las alianzas con la sociedad civil y con otras empresas”. “El compromiso está asumido y muchas quedaron en ver cómo pueden complementar sus programas”, relata el director del Ceads.
El Grupo de Fundaciones y Empresas (Gdfe) también tiene a la crisis en el
centro de la grilla. “Una agenda social, para que resulte estratégica y efectiva, requiere
ser diagnosticada, pensada y analizada por todos los actores involucrados”,
asegura Carolina Langan, directora de
Programas del Gdfe. En este marco, reconoce que, en relación con sus inversiones sociales, las
fundaciones donantes y las empresas están “reviendo” en Argentina “sus estrategias de cara a la actual coyuntura y a la
proyección de la situación del año próximo”.
También, consigna que para los donantes la disyuntiva está “entre continuar
financiando sólo proyectos o realizar algún tipo de aporte que contribuya a garantizar
la sostenibilidad de las organizaciones”. Por su parte, Flavio Fuertes, referente local del Pacto Global de Naciones
Unidas, advierte que lo que se está viendo es que, “en la medida en que
las empresas tienen menos capital para fondear sus actividades, sus presupuestos destinados a la responsabilidad social se
están recortando”. De todas maneras, coloca una luz de esperanza en este
camino al destacar la “cultura de solidaridad
que el sector privado mostró en el país en el marco de la crisis 2001- 2002”. “Es un dato muy importante
para tener en cuenta en el actual contexto”,
desliza. Justamente, los compromisos sociales
de las empresas son puestos a prueba
en los momentos más difíciles. Ahí es cuando las ecuaciones demandan variables de ajuste y, en esa elección, las compañías exhiben cuán genuino es su
compromiso.
 
Fortalecer lo que
está instalado


POR PAULA SOLSONA *
Para el Banco
Hipotecario
el 2009 se presenta
como un escenario complejo
que pondrá nuevamente a prueba nuestra creatividad
y nuestra capacidad. Preferimos
tener una mirada positiva y pensamos que se trata de una gran oportunidad.
En materia de RSE decidimos profundizar el apoyo a las iniciativas
en las que están involucrados nuestros “colaboradores voluntarios”
y los acompañamos a través del desarrollo
de lo que tiene que ver con
acciones solidarias en las instituciones
a las que apadrinan. Por eso, de cara al 2009, volcaremos todos nuestros
esfuerzos en apuntalar y fortalecer lo que ya está instalado y en crecimiento.
En ese marco, no está previsto ningún tipo de recorte sino que,
por el contrario, vamos a reajustar los
números en función del costo inflacionario.
Incluso, en el escenario que se avecina, entendemos que habrá un aumento en la demanda y está prevista
la sostenibilidad para poder
afrontarla. Claramente estamos mejor
preparados que en 2001. A partir de esa experiencia, todas las compañías
entendimos el rol que tenemos en la arena social. No existen empresas
exitosas en sociedades fracasadas, y nosotros decidimos ser una empresa
exitosa en una sociedad emergente y compleja.

* Líder de Asuntos Sociales del Banco Hipotecario S.A.
Recortar en áreas menos críticas
POR ALEJANDRO DI NATALE *

Tenemos claramente una responsabilidad social en el suministro energético que, en tiempos de crisis, puede verse afectado. Obviamente,
vamos a direccionar nuestras acciones a sostener y
mejorar el soporte del sistema de energía. También existe una fuerte
responsabilidad hacia nuestros empleados, tanto directos como
contratados, que seguramente tengan hoy una sensación de intranquilidad. En este terreno, es responsabilidad de la empresa poder achicar la incertidumbre a partir de la claridad en nuestras políticas de trabajo. La crisis
de 2001 nos ha hecho aprender a muchos. El concepto de RSE ha madurado y, desde
el ámbito empresario, creemos saber más acerca de qué acciones tenemos que tomar y
para cuáles estamos más preparados. Seguramente que todo esto implica un esfuerzo
presupuestario importante. Sin embargo, no tenemos previstos recortes en el presupuesto.
Sería muy desacertado pensar en esos términos. Posiblemente sí haya ajustes producto de la crisis en otras áreas, vinculadas no con las necesidades de la sociedad
sino con acciones secundarias que no afectan directamente a los grupos con mayores
necesidades. * Gerente de Desarrollo Sustentable de Edenor.
No caer en el asistencialismo
POR VERÓNICA STANISCIA *

Somos muchas las empresas que tenemos proyectos y programas
que apuntan a largo plazo. El gran desafío es no desestimar las necesidades
puntuales. Otro es que los presupuestos no estén relacionados con el contexto de crisis, sino con la estrategia de cada uno de los programas. La situación global no debe ser la vara para medir el número
de recursos que se destinan a responsabilidad social, sino la estrategia,
el resultado final esperado. Por eso, descartamos cualquier posible recorte. Los proyectos que llevamos adelante son sostenibles y de largo plazo y no se pueden poner en riesgo por un determinado contexto.
Eso sí, el gran temor es que volvamos al tema de los comedores. En ese sentido, es importante atender las necesidades concretas pero no debemos quedarnos en eso; es necesario un abordaje integral, sostenible y con la mirada apuesta en el largo plazo. Muchas veces, por cubrir lo emergente se deja de lado la planificación, lo cual implica otro nivel de compromiso. El desafío, entonces, es no caer en
una política totalmente asistencialista. Obviamente, las compañías estamos más preparadas para afrontar una crisis que lo que estuvimos en el 2001. Hoy hay mucho training y mucha
profesionalización de este aspecto en las empresas.
* Responsable de Relaciones con la Comunidad de Shell.
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