Año 15, Nro 72 Nota de Tapa
 
La otra economía

Frente al derrumbe financiero internacional, las organizaciones de la economía social afirman que están más preparadas para enfrentar la crisis, que ya generó miles de despidos y promete dejar a más gente sin trabajo. Sin embargo, reclaman una política de Estado que considere este modelo alternativo como una opción superadora de la generación de empleo precario para los más pobres.

Textos Andrea Vulcano

De uno u otro lado, los números son elocuentes: la crisis global llegó y, con sus efectos, otra vez comienza a golpear al empleo. Según el Indec, en el primer trimestre del año se perdieron 140.300 puestos de trabajo, mientras que la desocupación alcanzó el 8,4 por ciento y la subocupación, 9,1 por ciento. Sin embargo, para la Unión Industrial Argentina (UIA), en lo que va del año desaparecieron al menos 222 mil puestos y el desempleo trepó al 9,3 por ciento.
En tanto, el Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) lo calculó en 11,8 por ciento (lo que significan 1,9 millones de desocupados) y advierte que, a diferencia de otras, esta crisis golpea más al interior del país que a la zona metropolitana.
Cuando de caída económica se trata, avanza también la precarización laboral.
En este sentido, el último Boletín de Empleo y Desarrollo Social de la Escuela de Economía de la UCA prevé que, hacia fin de año, el trabajo informal estará nuevamente en el orden del 40 por ciento del total.

“Falta una visión política a largo plazo que cambie el paradigma de que la inversión privada y en obra pública son las que van a dinamizar la economía”, asevera Coraggio.


Ante esta realidad, las miradas vuelven a posarse sobre la otra economía, la denominada social. Pero, ¿cómo encuentra la crisis a ese vasto y heterogéneo campo? ¿Es el nutrido entramado de cooperativas, mutuales, microemprendimientos e iniciativas barriales y comunitarias una alternativa frente al desempleo y la precarización laboral?
José Orbaiceta es un referente obligado del cooperativismo: es socio de Ferrograf, una cooperativa gráfica platense con más de 30 años; presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo (Fecootra), nacida en 1988; consejero de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar) y vocal del directorio del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes).
“Claro que somos una alternativa frente a la crisis, totalmente. Tenemos otra visión de la economía, no nos rige el lucro y, por ende ende, no matamos a la persona. Para nosotros, lo primero es la persona; después viene lo demás. Lo que el mundo nos está demostrando es que ni el Estado socialista ni el capitalismo salvaje funcionaron. Lo que el mundo necesita es más economía en manos de la gente, más economía social”, postula.
Sin embargo, para que estos emprendimientos no sean sólo parte de la otra economía y en cambio ocupen un espacio de mayor entidad, hace falta un paso trascendental: “Para que tenga verdadero peso, debe ser más generalizada e involucrar a toda la sociedad; no deben ser sólo microemprendimientos pobres”, advierte José Luis Coraggio, director académico de la Maestría en Economía Social de la Universidad de General Sarmiento (Ungs) y coordinador de la Red de Investigadores Latinoamericanos de Economía Social y Solidaria (Riless), quien critica que ese modelo económico haya sido convertido “en una política socioproductiva asistencialista, focalizada en los sectores excluidos”. Y añade: “En sentido amplio, aunque se presente como apolítico, todo proyecto que propicie la economía social como sistema es político, porque pretende transformar la realidad por la acción colectiva”, afirma Coraggio.
Para el especialista, “no hay una estrategia de generación de una economía solidaria” desde el Estado y “falta una visión política a largo plazo que cambie el paradigma de que la inversión privada y en obra pública son las que van a dinamizar la economía.
No hay una política que realmente se contraponga al juego del mercado”.
Una radiografía Según los números del Inaes, en el país funcionan al menos 12.760 cooperativas
y 4.166 mutuales. Si bien estas cifras permiten vislumbrar la dimensión de la economía social, lo cierto es que el relevamiento –el único que existe a nivel nacional– abarca hasta junio del año pasado y no registra otros miles de emprendimientos que se manejan en la informalidad.
“Hay un entramado gigante de organizaciones que no son cooperativas, sino grupos que no tienen personería y que, por ejemplo, impulsan ferias de venta, de intercambio o pequeñas bancas sociales, y no están en los registros”, asevera Oscar Minteguía, del Fondo de Capital Social (Foncap), una sociedad anónima estatal con participación pública y privada que apoya a instituciones de microfinanzas dirigidas a microempresas y pequeños productores rurales del país que no tienen acceso al sistema financiero formal. Más allá de este universo sin presencia en las estadísticas, lo cierto es que de las cooperativas que contabiliza el Inaes, la tercera parte, unas 4 mil, corresponden a emprendimientos creados al calor de los programas sociales focalizados en la inclusión social y laboral. Se trata de las cooperativas 2038/3026, llamadas así por las resoluciones que las reglamentan.

“Lo que el mundo nos está demostrando es que ni el Estado socialista ni el capitalismo salvaje funcionaron. Lo que el mundo necesita es más economía en manos de la gente, más economía social”, sostiene Orbaiceta."

En este sentido, Mario Elgue, autor del libro Más allá de lo económico y de lo social, advierte: “Del 2003 a esta parte se han creado unas 5 mil cooperativas de trabajo para salvatajes (de empresas o fábricas) y para instrumentar planes sociales, de las cuales la mitad ha caído”.
El vasto universo que conforma la economía social hace que sea difícil estimar su participación en la economía global, así como también determinar a cuántos trabajadores llega a involucrar.
Los números del Inaes hablan de cerca de 300 mil puestos de empleo directo.
Sin embargo, Elgue estima que el cooperativismo integrado emplea a 500 mil personas en forma directa y a otra cantidad similar en forma indirecta. “La economía social fundacional, orgánica, que son cooperativas y mutuales con desarrollo muy significativo, representan el 9 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) del país”, indica el especialista.
Por su parte, Eduardo Fontenla, vicepresidente del Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo, cree que el crecimiento cuantitativo de estos emprendimientos “abre un interrogante sobre su sostenibilidad e impacto en el sector de la economía social”.
Elgue considera que “no se maneja bien la capacitación. En una charla de un rato les cuentan cómo funciona una cooperativa, amontonan allí a la gente y, una vez que termina ese trabajo, la cooperativa se cae”. Para él, el alto índice de mortalidad de las cooperativas “se vuelve un boomerang contra los propios funcionarios que las crearon y deja una frustración que cuesta remontar”.
¿Una alternativa? “Somos producto de la crisis y las crisis; entonces, no nos asustan”; “estamos más preparados para enfrentar estos momentos porque se nos juega la vida”; “nuestra visión es al revés: frente a las crisis es cuando más nos fortalecemos”, aseguran algunas organizaciones consultadas por Tercer Sector. Más allá de las consecuencias que acarree la caída financiera internacional para este entramado de cooperativas y emprendimientos, lo cierto es que sus protagonistas parecen estar dispuestos a poner todo para salir en pie de esta etapa y, más aún, crecer. “El motor de las fábricas recuperadas son las crisis, por eso es allí cuando se da una oportunidad”, asegura Luis Caro, titular del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas.
Sin embargo, Coraggio diferencia la situación entre las recuperadas y las cooperativas 2038/3026: “Las recuperadas tienen, por su historia, trayectorias productivas importantes. Sus integrantes no son personas que quizá nunca tuvieron trabajo, sino que tenían conocimiento de esa labor y no debieron reconstruir las redes desde la nada. Por eso pueden aguantar mejor (una crisis). E incluso bajarse un poco los salarios. En cambio, un pequeñito establecimiento creado por un subsidio del Estado tiene menos posibilidades desde ese punto de vista y una semana sin trabajar, es la quiebra”, explica. Incluso, para el académico de la Ungs, hay una cuestión mucho más constitutiva que torna endebles a muchas de las organizaciones de la economía social. En tiempos de crisis, “hay más gente que debe recurrir a formas alternativas” de generación de ingresos y, entonces, el campo de la economía popular “se vuelve más competitivo”, plantea, y agrega que es allí cuando más se siente que “no hay una estrategia de generación de una economía solidaria” y que “pese a que se mejoró la distribución del ingreso, nunca se revirtió estructuralmente la pobreza en el país; no se completó la tarea”.

Las recuperadas

Una buena parte de las llamadas cooperativas de trabajo se creó a partir de la lucha que dieron en la última década miles de trabajadores para no perder sus puestos. “Las recuperadas surgieron cuando la economía estaba totalmente destruida e igual pudieron ser rentables. Su competitividad es muy alta”, afirma Caro. Según cuenta, actualmente existe más de un centenar de iniciativas con estas características que involucran “a más de 10 mil obreros en todo el país”.
Norberto Berner, responsable del área de recuperadas del Inaes coincide: “A las empresas de la economía social les va mejor que a su promedio de la economía tradicional”.
Y da cuenta de la existencia de 209 unidades de este tipo en todo el país.
En este sentido, destaca que “la cooperativa de trabajo te convoca naturalmente a pensar y a

“Este tipo de modelo de trabajo puede resistir mejor a una crisis. Nosotros somos los dueños de nuestro propio mercado”, señala Killmeate.

mejorar tu puesto de trabajo”. “Los 40 comodines que quedamos para hacer esto somos los que estuvimos en todas las crisis y sabemos hacer el laburo todo de lleno. Así que ahora también vamos a poder salir adelante”, afirma Gastón Peña, de la cooperativa Trabajadores de Mac Body, que desde el 2007 funciona de la mano de sus empleados.
Frente a este escenario, hay un dato a tener en cuenta: en este tipo de cooperativas, los asociados son los mismos que día a día transpiran la camiseta para que la empresa salga adelante y sea sustentable: son los trabajadores asociados.
Transformar la realidad En el 2003, Leonardo Duva, motoquero, junto a cinco desocupados que militaban en Barrios de Pie decidieron juntarse para armar algo que les diera de comer y comenzaron a pelearla juntos. En principio, ofrecieron servicios de carpintería, plomería, fumigación y electricidad en el barrio porteño de Parque Patricios. “Fueron tiempos difíciles pero la fuimos remando, haciéndola bien desde abajo”, cuenta Duva.
Con tenacidad, esfuerzo y un verdadero trabajo hormiga, las cosas se les fueron dando y hoy alquilan un gran galpón donde funciona a pleno la cooperativa de trabajo La Nacional.
“Somos producto de la crisis y las crisis no nos asustan. Lo que tenemos de fortaleza es que sabemos que podemos enfrentarla y que vamos a sobrevivir”, afirma.
Desde hace una década, la Fundación Gente Nueva, de San Carlos de Bariloche, lleva adelante proyectos educativos, comunitarios y sociales con familias pobres de la ciudad y sus alrededores. En el marco de una tarea que busca contribuir a mejorar las condiciones de vida de esas familias, esta organización echó a andar una iniciativa que ya tiene vida propia: la empresa social ETV (Emprendimientos de Tecnologías para la Vida).
Allí se desempeñan seis jóvenes que pasaron por los talleres de capacitación en oficios de la Fundación y otras tres personas. “Esta es la pata productiva de un proyecto mucho más amplio, cuyo principio es trabajar por los más pobres.
Se trata de una empresa social para llevar tecnología apropiada a sectores desfavorecidos, producida por esta misma gente”, explica Gustavo Gennuso, el coordinador.

“A partir de una empresa convencional o de una cooperativa consolidada, el Estado podría subsidiar proyectos que involucren a estos nuevos emprendedores y ayudarles económicamente, con asistencia técnica, tutorías y capacitación”, considera Elgue.

Fue así que ETV, con la ayuda de especialistas, rescató el antiguo diseño de una bomba para extraer agua del subsuelo y comenzó a fabricarlas para abastecer a familias sin acceso a ese recurso. “La crisis no nos cambia nada; el desafío lo teníamos de entrada porque trabajamos con un sector que maneja poco efectivo y debíamos hacer que se pudieran adquirir los productos.
Con esto queremos demostrar que se puede llevar tecnología a los sectores desfavorecidos en forma sustentable”, señala Gennuso.
Mensualmente, ETV vende unas 20 bombas de soga y unas 30 ruecas, la otra pata de su producción. Y ahora piensan en grande: “Estamos trabajando con la idea de desarrollar microfranquicias para do”, señala Killmeate, quien remarca que si bien se siente una disminución en la cantidad de visitantes, la situación está muy lejos de ser la del momento en que arrancaron. “Desde entonces hasta ahora, nuestras ventas aumentaron en un 300 por ciento”, cuenta orgulloso. Juntarse para producir y luego vender tratando de multiplicar las redes es uno de los desafíos que enfrentan muchas familias para lograr su subsistencia. La Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz (Fundapaz), que promueve la puesta en marcha de alternativas productivas, apoya a diversas agrupaciones de hilanderas y teleras de Salta, Santa Fe y Santiago del Estero.
Las Cumas y Maky Sumaj (manos lindas) son dos grupos de mujeres teleras
de Santiago del Estero que cubren desde la cría de ovejas hasta la venta del producto, pasando por cada una de las etapas. Mientras se ocupan de ampliar y mejorar su producción a través de la capacitación y la adquisición de nuevas ruecas, distintos grupos de base le van dando forma a un proyecto integral de comercialización de productos de la región llamado Nuestras artesanías: rescate y creatividad, en un local situado sobre la ruta nacional 34, en la ciudad de Garza.
También las Hilanderas y Teleras de la Cuña Boscosa Santafesina se dedican a la producción de hilos artesanales y distintos tipos de tejidos de telar. Juntas se capacitaron para mejorar sus productos y ahora buscan la manera de promocionarlos.
“En total somos 84 mujeres”, cuenta Mirta Barrios, presidenta del grupo, que tramita su personería jurídica como cooperativa. “Lo que nos falta es hacernos más conocidas, tener más ventas.
Este invierno logramos vender bastante pero pero todavía no nos alcanza para mantener a nuestras familias.

“Somos producto de la crisis y ésta no nos asusta. Lo que tenemos de fortaleza es que sabemos que podemos enfrentarla y que vamos a sobrevivir”, afirma Duva.

Hay muchas de nosotras que tienen que salir a trabajar de empleadas domésticas para sobrevivir. La idea es que esto sea una fuente de trabajo”, explica Barrios desde Intiyaco, a 300 kilómetros de la capital santafesina.
Para estos grupos, la crisis es su medio habitual de vida. Por eso, quizás el sólo hecho de agruparse sea una manera de enfrentar la adversidad. Más allá de los tiempos de debacle económica, pelean por conseguir un resquicio en el mercado que les permita subsistir, bajo los principios de la solidaridad y la dignidad.
La unión que fortalece “Somos un sector productivo que no piensa levantar las cosas e irse frente a la crisis. La idea es participar y empezar a tener otra presencia”, asegura Duva, de la carpintería La Nacional. Lo que lo entusiasma es la creación de la flamante Confederación Nacional de Cooperati-veintena de federaciones.
“En el Ministerio de Trabajo, en la Secretaría de Industria y en todos lados siempre se sientan con ‘los Hugos’, como nosotros llamamos a Hugo Moyano (CGT) y a Hugo Yasky (CTA), y a nosotros nunca nos llaman. Entre todas las cooperativas hoy representamos cerca de 300 mil puestos de trabajo y no tenemos una representatividad directa del sector”, plantea Duva. José Sancha, de Fecootra, es uno de los titulares de la nueva Cnct: “Hacia adentro, el objetivo es profundizar la autogestión y mejorar la eficiencia de las cooperativas de trabajo. Hacia fuera, nuestro desafío es luchar por la sanción de una ley de cooperativas de trabajo que tenga en cuenta nuestros derechos”.
En este sentido, Orbaiceta resalta que los “trabajadores asociados” (que conforman las cooperativas de trabajo) no buscan “echar por tierra lo que son años y años de lucha y de conquistas”, sino que a través de la Cnct pretenden “contribuir a esta historia común. Sabemos que hay gente inescrupulosa que usa la figura de cooperativa de trabajo para precarizar y flexibilizar”, indica. Pero éste no es el caso.
Además de buscar la sanción de una Ley de Cooperativas de Trabajo, pugnan por una reforma a la Ley de Concursos y Quiebras para que se contemple la posibilidad de que los trabajadores asociados puedan adquirir la firma ante el cierre o abandono. De esta forma, se garantizaría la continuidad laboral, plantean.
También, proponen una Ley de Cooperativas Sociales con el fin de incluir a aquellas que son creadas para incorporar al sistema de trabajo a gente en situación de vulnerabilidad y a desocupados, y una Ley de Sociedades Anónimas Laborales en la que se puedan encuadrar las que deseen desarrollar una organización más democrática.


Redes e incubadoras

Frente a la innegable presencia de la crisis, las cooperativas de trabajo empezaron a desplegar estrategias. Así, tomando la experiencia de la Red Gráfica, formada por una decena de cooperativas del sector, frigoríficos, madereros y textiles intentan replicar el modelo.
“El cooperativismo en general lucha para combatir la pobreza y para construir la otra economía, y para eso hay un solo camino: la integración”, postula Orbaiceta.
“Las empresas gráficas constituimos una federación, cuyo objeto es hacer mejores negocios y ahora ese camino lo están comenzando a recorrer otros sectores. Indudablemente, esto nos da más fortaleza frente a la crisis y mayor capacidad competitiva.
Entre todos tenemos que ir construyendo un modelo de gestión cooperativa y de sustentabilidad”,
remarca.
A fines de junio último, el Hotel Bauen, una empresa recuperada, fue escenario de un desfile en el que expusieron sus diseños más de una decena de firmas textiles gestionadas por sus trabajadores.
A partir del éxito de esa iniciativa y respaldadas por el Inaes, comenzaron a reunirse con el objetivo de armar una red. “Una de las posibilidades es abrir un local en Buenos Aires donde podamos vender nuestros productos”, relata Dardo Fernández, presidente de la cooperativa Contex, de la localidad bonaerense de Las Flores. En tanto, Gastón Peña, de Mac Body, se entusiasma con la posibilidad de complementarse en el trabajo:
“La red tiene mecanismos para diagramar un plan de trabajo y, por ahí, puede lograr incluso ser proveedor del Estado”, señala.
En tanto, para los emprendimientos creados bajo el paraguas de los planes sociales, Elgue sugiere otro modo de funcionamiento. Para él, allí se podría aplicar la experiencia de las “incubadoras” de emprendimientos de la economía popular, utilizadas en España y Francia. “A partir de una empresa convencional o de una cooperativa consolidada, el Estado podría subsidiar proyectos que involucren a estos nuevos emprendedores y ayudarles económicamente, con asistencia técnica, tutorías y capacitación.
Claro que esto lleva más tiempo y cuesta más capitalizar rápidamente, pero sería mucho más sustentable a largo plazo”, plantea Elgue.
Quizás la clave sea ésa: multiplicar y robustecer la economía social, sin acotarla a una política frente a la emergencia, sino considerándola como una alternativa viable para la construcción de un proyecto de desarrollo nacional. Quizá sea la hora de pensar más en grande.


Cómo conectarse

Inaes
www.inaes.gob.ar

Foncap
www.foncap.com.ar

Cooperativa La Nacional
www.lanacional-coop.com.ar

Movimiento Nacional de Fábricas
Recuperadas

www.fabricasrecuperadas.org.ar

Cooperativa
Trabajadores de Mac Body

4524-0929

Riless
www.riless.org

Universidad de
General Sarmient
o
www.ungs.edu.ar

Fecootra
www.fecootra.org.ar

ETV
www.etvida.com.ar

Mercado de la Estepa
robertokil@gmail.com

Fundapaz
www.fundapaz.org.ar

Hilanderas y Teleras de la Cuña
Boscosa Santafesina

(03482) 490324
www.uocb.blogspot.com

Confederación Nacional de
Cooperativas de Trabaj
o
155036-2267

Ferrograf
www.ferrograf-ctl.com.ar

Contex
coopcontex@yahoo.com.ar

Grameen Mendoza
www.grameenmendoza.org.ar

Consorcio de Gestión Compartida
para el Desarrollo Local

www.consorcioba.com.ar
 
Los excluidos y
el crédito

POR MARTA BEKERMAN *

Los programas de microfinanzas pueden llegar a convertirse en un fuerte instrumento de lucha contra la pobreza a partir del desarrollo
de mecanismos innovadores para la provisión de crédito y de ahorro para personas de bajos ingresos y sin acceso al sector financiero formal. Podrían permitir el acercamiento de dos mundos que hasta ahora parecían muy lejanos: el de los excluidos y el del crédito.
El precursor en la materia y ganador del Premio Nobel de la paz en 2006 por su contribución
a la erradicación de la pobreza, Muhammad Yunus, fue quien puso en práctica en Bangladesh, durante los años ’60, los primeros proyectos de microfinanzas. La idea se extendió luego hacia otros países y se calcula que actualmente los microcréditos llegan a más de cien millones de familias.Yunus plantea muy claramente que estos proyectos
deben estar orientados a los sectores más pobres y a los menores niveles de interés
posible para que puedan permitirles generar ingresos a través de su propio desarrollo.
Además señala que es necesario diversificar los servicios financieros incorporando actividades de seguro, salud y educación.
Pero estos proyectos han tenido aún un desarrollo muy incipiente en la Argentina que
muestra un desempeño muy por debajo de los niveles experimentados en otros países
de la región y del mundo. Se calcula que existen actualmente en nuestro país alrededor
de 55 mil microempresarios receptores de microcréditos, cifra que está muy por debajo
de la demanda potencial que ha sido estimada en alrededor de 1,3 millones de personas.
Sin embargo, Argentina podría presentar excelentes condiciones para una amplia difusión de las microfinanzas en las zonas urbanas. Es que las condiciones del mercado
crediticio son excesivamente restrictivas o nulas para las microempresas y, al mismo
tiempo, existen mercados donde es posible comprar y vender sus productos o servicios.
Es decir que los problemas de demanda o de transporte no constituyen un problema insoluble en esas zonas. Pero para que esto sea posible es importante el apoyo del sector
público a través de políticas regulatorias y financieras que impulsen el desarrollo de este
tipo de programas.
* Economista, investigadora de la UBA y del Conicet y presidenta de la Asociación Avanzar.
Corte y confección cooperativos

En el ’98, un grupo de seis trabajadores textiles que habían quedado en la calle tras
el cierre de Catorini, una empresa de la localidad bonaerense de Las Flores que vendía camisas de hombre y pantalones, decidió juntarse para idear una forma de sobrevivir. “Juntamos algunas máquinas que teníamos y empezamos a trabajar en un lugar que nos prestaban en el municipio. Poco a poco pudimos armar nuestro taller en un galpón y creamos un producto propio, que eran unas camisas de hombre”, cuenta Dardo Fernández, trabajador asociado de la cooperativa de trabajo textil Contex.
Así, los mismos que cortaban y cosían, después cargaban las camisas en una camioneta
y salían a vender por los alrededores de Las Flores. “Nos fuimos haciendo conocidos
por el boca a boca y pudimos agrandar la producción”, recuerda. Dardo cuenta
que cuando recién habían empezado a andar, vino la crisis del 2001. “Fue muy duro y muy difícil. Teníamos que mantenernos con muy poco dinero. En la fábrica éramos seis y un vendedor, y todo era para la fábrica”.
“Subsistimos por la calidad del producto y nuestra tenacidad. Era una causa política,
una idea política. Teníamos todo en contra: los precios no nos daban, no nos conocían…
Por eso, apostábamos a la calidad”. En medio de la debacle, una luz de esperanza
iluminó el camino: dos fábricas de marca les empezaron a encargar prendas.
Actualmente, en la cooperativa trabaja una treintena de personas, y de la humilde
producción inicial pasaron a confeccionar unas 30 mil prendas propias y otras 20 mil para terceros. “Estamos más preparados para enfrentar”, afirma Dardo, y compara que “en un contexto así, el patrón de una empresa común agarra sus cosas y se va, en cambio
a nosotros se nos juega la vida”.
 
“Una oportunidad ante la exclusión"

Daniel Fernández es subsecretario de Organización de Ingresos Sociales del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Afirma que la economía social constituye una verdadera alternativa frente al desempleo y que es el primer
gran escalón de los excluidos.
–¿Es la economía social una alternativa frente a la
pérdida de trabajo?
–La economía social constituye una verdadera alternativa, sobre todo en momentos
en que la crisis financiera internacional se va trasladando a lo productivo, pero también en un país en el que existe la decisión política de lograr el pleno empleo. Cubre un espacio que ni la inversión privada ni la inversión pública directa logran.
La experiencia del Ministerio de Desarrollo Social es que los sectores en mayor situación de vulnerabilidad encuentren de manera asociativa aquello que
no logran solos, individualmente, en el mercado laboral. En este marco, se logró la conformación de más de 4 mil cooperativas de trabajo, con destinatarios de planes
sociales. De éstos, 3 mil son monotributistas sociales, es decir que cuentan con cobertura de salud y también con su aporte previsional.
–¿Cuál es la contribución de la economía social a la economía general? –Justamente, el hecho de ser una alternativa, de constituir una oportunidad para
los sectores que viven en la exclusión. La década del ’90 generó una fuertísima exclusión y así como la exclusión fue un proceso que se dio con el tiempo, lo mismo ocurre con la inclusión. Ahora nos encontramos en un momento de transición. A partir de la promoción de la economía social, se ve que sectores que estaban excluidos logran su inclusión laboral y social. Antes, era refugio de una economía
subterránea, negra. Ahora, es una posibilidad, una oportunidad.
–¿Cómo define a la economía social? –Es el primer gran escalón de los excluidos. Quizá se trata de todo un movimiento
que no tiene visibilidad pública pero que es sumamente importante. Tenemos las fábricas recuperadas, los monotributistas sociales, es todo un gran movimiento. Todos ellos son protagonistas de un proceso interesante de transición hacia la inclusión. De todas maneras, no hay que resignarse a desarrollar
algunos planes de ingresos. El trabajo debe alcanzar a toda la sociedad y hay actividades comunitarias con un valor social importante que el mercado no retribuye, como es, por ejemplo, la atención de sectores vulnerables y enfermos, las actividades comunitarias en comedores, en escuelas. Hay demandas sociales que no están satisfechas y que quizá podrían ser respondidas a través de formas asociativas.
–¿Vincular la economía social a la implementación de planes sociales no es de algún modo concebirla con un perfil asistencialista?
–Si algo caracteriza a la economía social es que el individuo, a través de una
actividad propia o colectiva, va generando su propio ingreso, lo que es totalmente opuesto al asistencialismo.
–¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la economía social?
–Creo que sería interesante avanzar hacia una mayor estructuración del sector.
Por ejemplo, es importante que las cooperativas se vayan asociando, armando federaciones y, desde el Estado, con un criterio que atraviese todas las actividades,
contribuir a través de entes de comercialización, de contratación, del servicio de
empleo, e incluso, el Estado podría usar su capacidad de compra para que sean
proveedoras del Estado.
–Muchos especialistas advierten sobre la escasa sustentabilidad de las
cooperativas 2038/3026.
¿Qué opina al respecto?
–Muchos decían que estas cooperativas iban a fracasar, pero el hecho de que
haya 3 mil que todos los meses están aportando como monotributistas sociales
muestra que están vivas, y que si bien pueden sufrir los vaivenes propios de su
actividad, están activas.


El Grupo Tercer Sector, uno de los emprendimientos de Fundación Del Viso , es el primer multimedia de información social del país. comunicacion@tercersector.org.ar
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