Año 15, Nro 74 Nota de Tapa
 

Cambio climático: Impacto en la Argentina

Mientras el mundo firma en Copenhague otro acuerdo para frenar el calentamiento global, en Argentina, el modelo productivo vinculado con la explotación de los recursos naturales ya generó la pérdida del 70 por ciento de los bosques nativos, la retracción de los glaciares en un 40 por ciento, inundaciones y sequías. Las OSC advierten aquí sobre los problemas ambientales más acuciantes del país.

Textos ADRIÁN FIGUEROA DÍAZ

En la zona cordillerana, la temperatura promedio subió un grado y hay glaciares que ya tuvieron una retracción del 40 por ciento producto de ello y de la actividad minera. La desertificación avanza 600 mil hectáreas por año.Y sólo el 30 por ciento de los bosques originarios permanecen en pie a causa de los desmontes para la expansión de la frontera agropecuaria. Los efectos negativos de las inundaciones y sequías se potencian. Las poblaciones originarias y campesinas lo sufren más que nadie; igual que los urbanos más pobres viven a la buena de los basurales a cielo abierto y enfermedades que habían sido desterradas.
El Cambio Climático (CC) es un hecho. Se siente hasta en las amenazas del granizo rompe-autos y las románticas nevadas porteñas. Tercer Sector muestra la mirada de las organizaciones
sociales sobre los problemas más acuciantes de los principales recursos del país.
Para comprender el fenómeno del Calentamiento Global, primero hay que hablar de economía, que –por definición básica– es la actividad humana que transforma los beneficios de la naturaleza a fin de producir, administrar e intercambiar bienes para su existencia. El aumento de la emisión de gases –como el dióxido de carbono y el metano, por el uso y quema de combustibles fósiles en las industrias– agravó lo que se denomina “efecto invernadero”.
Los modelos productivos de Estados Unidos y China ubican a esos países como los dos que generan más de la mitad del total global de los Gases del Efecto Invernadero (GEI). América latina aporta el 7,5 por ciento y Argentina el 0,84, lo que la ubica en el puesto 25.
No obstante, “si bien el país emite un porcentaje muy bajo, lo que emite per cápita está por encima de la media mundial”, reparó María Eugenia di Paola, directora Ejecutiva de la Fundación
Ambiente y Recursos Naturales (Farn).
Por todo esto no se puede hablar de medio ambiente sin hablar de la forma en que se produce.

Discusión cumbre

La discusión básica en las cumbres de medio ambiente intenta resolver dilemas económicos y medioambientales.
El tema es si los países más industrializados disminuyen o no la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
La postura Argentina en Copenhague fue reclamar a los desarrollados fondos para la mitigación y adaptación para los países subdesarrollados, con un monto que oscile entre el 0,5 y el 1 por ciento del PBI de aquellos. El paradigma económico es tal que una de las salidas está en el mercado de “bonos de carbono”, con que los Estados desarrollados compensan su obligación de disminuir su emisión de GEI.

Agua que no has de beber

Sólo el 2,5 por ciento del agua del planeta es potable. En Argentina, entre el 75 y el 80 por ciento de ese recurso es destinado a la producción agropecuaria.
“Debiera hacerse una mejor asignación del recurso, así como un mejoramiento de la tecnología del agro de manera que se la ahorre”, aconsejó Juan Rodrigo Walsh, vicepresidente de la Asociación Argentina de Ingeniería Sanitaria (Aidis). Para la población, la cosa cambia. Según datos oficiales, el 20 por ciento (8 millones de argentinos) carece de ese bien considerado como un derecho humano. Pero fundamentalmente por falta de inversión e infraestructura.

“Si bien Argentina genera un porcentaje muy bajo de gases de efecto invernadero, lo que emite por cápita está por encima de la media mundial.” María Eugenia Di Paola, de Farn.

Si se habla del recurso en sí mismo, Argentina lo tiene en cantidad. El 70 por ciento está en glaciares y periglaciares (formaciones de hielo que están alrededor de la masa congelada o en su parte subterránea o se ubican en las montañas) de territorios áridos del área cordillerana, “que son las reservas hídricas más importantes y uno de los atemperantes del CC”, destacó Marcelo Girault, geógrafo y miembro de la Asamblea Popular por el Agua, una OSC mendocina.
El drama del CC hizo que la temperatura promedio en esa zona se incrementase un grado y produjera el retroceso de esas masas de hielos, con la consecuente baja de los caudales de los ríos. Un informe oficial precisa que en la Península Antártica la temperatura promedio aumentó 2,5 grados, y de 50 glaciares compartidos con Chile, “sólo uno está creciendo, otro está en equilibrio y 48 están retrocediendo”.
Si bien no se sabe cuál es la superficie de masa de hielo total en el país, “lo que sí se sabe es que a causa del CC y la actividad minera, los glaciares Toro 1 y 2, y el Esperanza, redujeron su caudal en un 40 por ciento”, reveló Cristina Martín, presidenta de la OSC interprovincial Conciencia Solidaria.

Minería on the rock


En octubre de 2008, el Congreso sancionó una ley de glaciares que tuvo el visto bueno de varias OSC, pero al mes fue vetada por el Ejecutivo, dejando la puerta abierta al crecimiento de la explotación minera.

“Entre megaminería, loteos y cultivos transgénicos no se hace más que modificar los usos del suelo y generar un caos en el ordenamiento territorial.” Raúl Montenegro, de Funam.

¿Qué relación hay entre la minería y los glaciares? Esa explotación tiene base en 5 mil kilómetros de territorio cordillerano –zona glacial y periglacial– y la puesta en marcha de un emprendimiento –sólo uno de los 14 que se conocen– demanda 1.100 litros de agua por segundo. La región es semidesértica. ¿De dónde se abastece?
El problema empieza en la logística previa a la explotación. “La construcción de caminos, el ir y venir de camiones y la remoción de suelo provoca una capa de polvo en los glaciares que absorbe los rayos solares y los retrae”, explicó Girault, cuya OSC se suma al centenar de organizaciones de todo el país que rechazan el nuevo proyecto de ley que ya tiene media sanción del Senado porque, entre otras cosas, no reconoce íntegramente las zonas periglaciares
ni pone plazos para un inventario de esos recursos.
Pero la cuestión no termina en la superficie. “El mineral explotado de manera tradicional desapareció, ahora está disuelto en la roca y es extraído por un proceso que utiliza químicos que deja consecuencias más graves”, añadió la titular de Conciencia Solidaria.
Lo que se utiliza en esas minas de oro, cobre, plata, plomo, estaño, litio, zinc, cobalto, potasio, níquel y uranio, principalmente, es cianuro, cuyo efecto contaminante se expande a las napas,
los arroyos y ríos que abastecen a pueblos enteros.

Con la resistencia baja

“Claramente hay una relación entre medio ambiente y las formas de producción.
Entre megaminería, loteos y cultivos transgénicos no se hace más que modificar los usos del suelo y generar un caos en el ordenamiento territorial”, sintetizó Raúl Montenegro, titular de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente (Funam) y premio Nobel Alternativo 2004.
El ciclo hídrico del país se mantiene en 25 años de inviernos cálidos y veranos lluviosos, y otros 25 de inviernos fríos y veranos secos. El caudal de lluvias en los últimos 40 años aumentó entre el 10 y el 40 por ciento, según las zonas. El nordeste es la más dañada tanto por la abundancia como por la falta de agua.
“La sequía que (este año) sufrió el centro argentino es un fenómeno normal de ambientes semiáridos. No fue la peor ni va a ser la más grave. Lo que pasa es que coincidió con la Resistencia Ambiental (RA) más baja del país.”
La RA se establece de acuerdo con la superficie de ambiente nativo de un territorio.
Si se destruyen esos ambientes, la RA disminuye. “Entonces –continuó–  el problema de la tierra es que no sólo no tiene resistencia a la sequía, sino tampoco a la lluvia y a las inundaciones.
Cualquier alteración que se produzca impacta de una manera más grave.” Y Argentina destruyó el 70 por ciento de su bosque nativo.

Pisando la tierra

La industria forestal, la agricultura, la ganadería y el infaltable negocio ininmobiliario dejaron en pie el 30 por ciento de los bosques. Entre 1937 y 1987 se deforestaron 2.355.308 hectáreas, y en los últimos 19 años se desmontaron 6.436.899. La superficie actual es de 28.743.101 hectáreas. La pérdida de masa boscosa originaria es inversamente proporcional al crecimiento de la frontera agropecuaria. La destrucción de la flora y la fauna, incalculable.

“Lo que no es natural es la degradación de esas tierras por pedirle al suelo más de lo que puede dar. Y en esto tiene que ver la actividad agropecuaria.” Elena María Abraham, del Iadiza.

El desplazamiento de pueblos originarios y campesinos, violento.
La sanción de la Ley de Bosques frenó el 60 por ciento de los desmontes.
“Varias provincias mantenían una política de permisos desenfrenados y a partir de la ley se vieron alertadas. No obstante, existen denuncias de desmontes ilegales”, afirmó Carina Quispe, directora de Política Ambiental de Farn.
La norma “marcó un antes y un después, fue muy buena porque articuló con la de Presupuestos Mínimos que establece un fondo” que Nación debiera girar a las provincias, de cuya órbita dependen los recursos naturales. Sin embargo, OSC como Greenpeace y Farn criticaron al Gobierno porque el Presupuesto 2010 destinó sólo 300 millones de pesos, de los 820 que debió asignar.

La industria de la desertificación

Por la utilización de combustibles fósiles, la agricultura y el sector energético generan el 90 por ciento de los GEI en la atmósfera. En la tierra también dejan secuelas: el CC y la ampliación de tierra para el cultivo tambié  aumentan la desertificación. Según el Instituto de Investigación de las Zonas Áridas (Iadiza), el 70 por ciento del territorio del país corresponde a tierras secas. “La gradación de las condiciones de sequedad se establece en la relación entre las precipitaciones y lo que necesitan las plantas para vivir. Lo que no es natural es la degradación de esas tierras por pedirle al suelo más de lo que puede dar.Y en esto tiene que ver la actividad agropecuaria”, concluyó Elena María Abraham, directora de esa institución.

“La sociedad considera que el agua viene de las canillas, no de las cuencas hídricas. Vive en un sistema de consumismo que no le permite hacer esa relación.” Raúl Montenegro, de Funam.

Si bien no hay un relevamiento exhaustivo de las tierras degradadas, la especialista promedió que “la desertificación avanza 600 mil hectáreas por año”. Para Juan Minetti, meteorólogo y director del Laboratorio Climatológico Sudamericano, las consecuencias son producto de que “hay regiones que fueron ocupadas por productores sin conocimientos de las variabilidades interdecadales (entre décadas) del clima”. Entonces, criticó, “cuando se hizo uso del suelo bajo el alegato de que la tecnología todo lo resolvería, no se midieron las consecuencias ambientales y el Estado estuvo ausente”.
El escenario es tal que, según la flamante Plataforma Climática Latinoamericana (ver aparte), los pronósticos alertan por un empeoramiento de “la desertificación de zonas tradicionalmente aptas para la agricultura”.

La contaminación más visible

Un ícono de la contaminación más grosera es el Riachuelo. Más de 10 mil industrias vierten allí sus desechos de producción. La Corte Suprema de la Nación se había expedido en 2008 para que los estados nacional, provincial y porteño se hiciesen cargo del saneamiento.Y creó un cuerpo colegiado coordinado por el Defensor del Pueblo de la Nación, Farn, Greenpeace, el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) y la Asociación de Vecinos de La Boca.
Para el presidente de esta OSC, Alfredo Alberti, “si bien la factibilidad del reordenamiento territorial de la cuenca es factible, hay una escasa voluntad política que no está acorde a la demanda social ni a las de la Corte para dar respuesta al problema”.
Desde que el máximo tribunal se manifestó al respecto, la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar) censó 4.100 empresas y creó un cuerpo de doce inspectores para los controles. “Hicimos un cálculo y con esa cantidad de inspectores se tardaría diez años en hacer una sola inspección a esa cantidad de industrias, que son menos de la mitad de las que hay. Enfocado así, el saneamiento es una utopía”, criticó Alberti.
El grado de contaminación del Riachuelo tiene impacto sobre los 3 millones de personas que viven a su vera.Y ni hablar de los basurales.O sí. La existencia de al menos 3 mil basurales a cielo abierto y rellenos sanitarios pone en evidencia el éxito de las campañas de reciclaje. Oficialmente, se reconoce un centenar de basurales clandestinos en los barrios más pobres del conurbano bonaerense, pero las estimaciones hablan de 1.500, la mitad del país. En ellos se deposita el 60 por ciento de los residuos sólidos urbanos.
De esta cantidad, el 85 por ciento podría reciclarse. La contaminación de las napas es incalculable, así como también las de sus emanaciones de metano, que deja secuelas que tallan los cuerpos de la población cercana y los de quienes frecuentan el área por tareas como el cirujeo.

Conciencia para sanar

¿El país está preparado para los efectos del CC? De no haber cambios, según las OSC y los especialistas consultados, las poblaciones de la costa atlántica tendrán un alto grado de vulnerabilidad debido al aumento del nivel del mar y la erosión; las ciudades litoraleñas serán golpeadas por el incremento de las lluvias en las altas cuencas; en las zonas secas, las menores lluvias disminuirá  el caudal de los ríos y harán que la Región de Cuyo deba reducir sus áreas de riego. De hecho, “con el aumento de la población vamos a tener que realizar esfuerzos de adaptación significativos para contar con agua para el riego y la vida. Menos agua para más población”, calculó Giraud, que también integra el espacio de Asambleas Mendocinas Por el Agua Pura (Ampap). Es decir que la situación de los más pobres seguirá empeorando.
Y para los productores, el pan para hoy podría ser hambre para mañana.
Según Montenegro, además de comprender la RA de la que habló párrafos arriba “también hay que tener en cuenta la Resistencia Social (RS), que establece los comportamientos sociales.
La sociedad considera que el agua viene de las canillas, no de las cuencas hídricas. Vive en un sistema de consumismo que no le permite hacer esa relación.
Y hasta que no se dé cuenta del vínculo entre consumo y medio ambiente, tal como la Ambiental, la Resistencia Social va a seguir siendo la menor de la historia.”

Entrevista
Homero Bibiloni
“El paradigma es producción, ambiente, empleo e inclusión social”

El secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación reconoce que el modelo de producción llevó al deterioro ambiental, desligó responsabilidades por la deforestación y la minería y afirmó que Argentina trabaja en la reconversión industrial.

–¿Cuál es la mirada del Estado sobre el Cambio Climático?

–El escenario de CC es el principal problema que preocupa al mundo, sobre todo a las naciones desarrolladas porque presupone una redefinición de las relaciones de política económica mundial. El impacto es ambiental, pero los autores provienen del agro, de la industria, del comercio o servicios; de todo lo que genera el efecto invernadero.Y Argentina está trabajando en la reconversión interna de sistemas industriales. Los empleadores deben invertir en ello y los ciudadanos, tener actitudes que son pequeños sacrificios.

–Igualmente, el impacto mayor es de las industrias.
–Por supuesto. Pero están las responsabilidades diferenciadas.
A Alemania, sanear el Rin le costó 20 años.
Pusieron un impuesto a los municipios, a los estados federales y a la gente, y lograron una masa de dinero espectacular.
Esto no se podría hacer acá porque los municipios más bien piden fondos para resolver sus desajustes financieros.

–¿Cómo se revierte esa situación aquí, relocalizando todas las empresas del Riachuelo?
–No necesariamente. Lo que hay que trabajar son procesos de reconversión tecnológica con algún tipo de asistencia pública con tasas subsidiadas.

–¿Cómo se entiende que haya un Estado que incentiva la producción e industrias que invierten y tienen un modelo de desarrollo contaminante?
–Hay un error en su planteo. No se fomentan industrias contaminantes. El paradigma es producción, ambiente, empleo e inclusión social. Lo que se impulsa son empresas con comportamientos amigables con el medio ambiente.

–Entonces, cómo se explica la explotación minera, los desmontes para la ampliación de la frontera agropecuaria, las minas de carbón en la Patagonia...
–Primero, lo que hay que definir es si la Argentina necesita de la minería. Si decimos que no, que (quienes lo dicen) asuman las consecuencias para sostener a las provincias que tienen ingresos por esa actividad. Si decimos que sí, veamos qué minería queremos. Pero para ello hay una secretaría específica. Lo que Ambiente plantea es que las mineras tienen que crear un fondo de contingencias para garantizar el cierre de la mina con los rigores que hagan inviable una situación infortunada.

–Pero no pagan impuestos al combustible, ni tasa de importación...
–Eso dígaselo al Ministerio de Economía y a la Afip. Yo soy Ambiente. Respecto de los bosques, los administran las provincias. Nosotros trabajamos con normativas de presupuestos mínimos para la protección y mejoramiento de esos recursos. En el caso de la frontera agropecuaria, trabajamos con el Ministerio de Planificación en materia de ordenamientos territoriales, y con el de Salud en el tema de pesticidas y herbicidas, que tienen que ver con el glifosato.

–¿El glifosato es contaminante?
–No dije eso.

–Como trabajan con el Ministerio de Salud...
–No lo podría decir porque no soy Salud ni el Senasa. Lo que sí podemos decir es que indudablemente ciertas prácticas agrícolas afectan la biodiversidad del suelo. Pero hay que encontrar los equilibrios y terminar con el discurso facilista que convierte a unos buenos y a otros malos.

–¿Coincide con que las formas de producción generaron esta situación?
–Es innegable.

–Entonces, ¿se puede esperar que el mismo modelo se encargue de sanear lo que hizo?
–Esto es inercial, es un tren que no se puede detener con la mano, sino llevarlo a la vía correcta. Nosotros, con políticas en las que invertimos mucha plata. Los privados, con inversiones.
El sistema científico, trabajando más en temas de impacto que en investigaciones abstractas.Y la sociedad civil y las OSC, que actúan como factor dinamizante, acompañando algunas cosas y denunciando otras.

OPINION


“El clima ya está afectado”
POR ALEJANDRO SPINELLO *

Uno de los temas más urgentes sobre Cambio Climático en Argentina es frenar los desmontes, la causa número uno de pérdida de vida y biodiversidad. La ley de bosques está mitigando la problemática, pero el clima ya está afectado. Cada árbol acumula 20 mil litros de agua.
Así que aquellos que se talaron ahora se están pagando con inundaciones.
Otro tema son las grandes urbes, como Buenos Aires, a causa del transporte y el smog, y la falta de sustentabilidad con que se agrandan las ciudades.Y el otro drama es la matriz energética del país. Más del 90 por ciento de la energía proviene de la quema de combustibles fósiles. La hidroeléctrica, la más limpia, es mínima, no supera el 5 por ciento. El rol de las OSC es generar conciencia sobre todo esto, porque si el tema no le interesa a la población, no se van a generar políticas al respecto.

* Representante de la Fundación Proyecto Cambio Climático, sede argentina de The Climate Projet, de Al Gore.

 
OPINIÓN
En las manos de Dios


POR JORGE RULLI

La dirigencia no comprende cómo manejar los ecosistemas y, más todavía, cómo asumir tareas respecto del Cambio Climático. Provoca vergüenza ajena la posición que se lleva como país a la Cumbre de Copenhague. No se trata de morigerar las causantes de la contaminación o del efecto invernadero, sino que se va a tratar de conseguir financiación para una adaptación a la crisis planetaria, cuando jamás se demostró voluntad real de modificar los mecanismos y modelos que contaminan. Hay una estrecha relación entre el modo en que se produce y cómo se afecta el medio ambiente.  La Argentina aporta al cambio climático de modo desmesurado para su tamaño y crecimiento, y eso responde al desinterés y al desprecio por el medio ambiente. Una de las causas de contaminación, son los basureros urbanos y vertederos a cielo abierto, que emiten metano. Otras causas del aporte es un sistema de transportes basado en combustibles fósiles, la existencia de miles de corrales de engorde con hacienda que emiten cantidad de gases meteóricos y un modelo de agricultura industrial dependiente a petróleo, que ha desmontado montes y bosques, y que a pesar de hacerse con siembra directa y debido a la cantidad enorme de agrotóxicos que usa, está provocando una catástrofe en los suelos. En muchas localidades inglesas, mientras tanto, se están preparando para resistir la simultaneidad de la crisis del petróleo con la crisis climática,
resuelven la instalación de aerogeneradores, establecen tiendas de cercanías y
plantan montes frutales en los espacios públicos. En nuestro país el problema no es
de falta de dinero, sino de falta de voluntad y de comprensión de los problemas ecológicos.
Se ignora que el maltrato de los ecosistemas ocasiona enormes impactos sobre la población y que el cambio climático no hace sino acentuar esos riesgos.
La población urbana sufrirá nuevas enfermedades y la agresión de patógenos, que
operan sobre desequilibrios ambientales; incluimos desórdenes del ecosistema microbiano y una caída de los sistemas inmunológicos, consecuencia de la ingesta de comida chatarra y de la contaminación. O las miles de víctimas de las fumigaciones con agroquímicos... No existe mayor preocupación por rever esas políticas. Frente a la crisis
del petróleo y los desórdenes climáticos, estamos en las manos de Dios.
Miembro del Grupo de Reflexión Rural.
Los que enfrían el planeta

Enfrente de las energías “sucias” generadoras de gases que incrementan el efecto invernadero están las “limpias” o renovables. Hay quienes las promueven por mera declamación medioambiental. Otros, las llevan a la práctica por necesidad y convicción. Como el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase), que acaba de reinaugurar FM Paj Sachama (“Pájaro que vuela desde el monte”, en quechua), que funciona con energía solar. ¿Cuál es la necesidad? La radio está en El Retiro, un lugar fuera del interconectado nacional eléctrico. ¿Cuál es la convicción? “El 98 por ciento de los campesinos del Mocase trabaja con ecología de producción de alimentos y ‘enfriando el planeta’, es decir,
sin utilizar agroindustrias contaminantes”, definió Ángel Strapazzon, miembro del Mocase. Para la programación de entre seis y ocho horas de Paj Sachama, “se utilizan 20 paneles y baterías grandes con una capacidad de almacenamiento que nos permitiría usar la radio durante diez días nublados”, precisó Ángel. La emisora no es una excepción. “Utilizamos paneles en la quesería, la fábrica de dulces y la carpintería, desde 1994.” Es más, en los puntos donde tiene presencia, el Mocase logró que de 20 mil viviendas rurales haya entre 7 y 8 mil con paneles. Las claves: “La necesidad de la soberanía alimentaria, porque a eso debemos tender los pueblos. Siempre sabiendo que, como dice (la organización) Vía Campesina, somos pequeños productores que enfriamos el planeta”. En el Mocase también hay 300 campesinos que utilizan la energía eólica para los pozos de agua para la agricultura y el consumo humano. Algo similar a lo que hizo Greenpeace: en Río Negro, los 31 chicos de la Escuela Hogar 72 tienen luz eléctrica generada por Quilu
Mara (“Pájaro Libre”, en mapuche), un molino de energía eólica instalado por una iniciativa de esa organización ambientalista. La vida cambió. Antes, un pequeño grupo electrógeno alumbraba la noche durante dos horas en las cuales, además, debían cargar baterías de celulares, lavar la ropa y utilizar elementos de cocina. Lo mismo que en Aguada Chacayco, Neuquén, donde los chicos de la 127 quedaban sin escuela hasta la primavera porque no tenían energía. Hay sólo 15 parques eólicos operando en el país. Los especialistas identifican a la Patagonia como una de las regiones de mayor potencial para esa energía.
“En Argentina, la participación de energías renovables representa el 5 por ciento y, según el modelo propuesto por Greenpeace, se incrementaría hasta el 20 por ciento en 2020 y llegaría al 60 en 2050”, estimó Juan Carlos Villalonga, director político de esa organización, durante la presentación del informe La Revolución Energética, realizada en septiembre último.
 
Cambio Climático antes que crisis económica

Para los argentinos, el problema más serio que afecta al mundo es el Cambio Climático
(CC), según una encuesta de Ibarómetro. El 38,1 por ciento consideró esa problemática
como la más relevante, luego de la crisis financiera internacional (15,8), entre otras.
Lo notable es dónde ubicaron la responsabilidad de la protección del medio ambiente: el
44,8 por ciento consideró que es un deber de “todos”, mientras que para el 15,2 le corresponde al gobierno y para el 4,7 por ciento, a las organizaciones sociales. “Más allá de que el trabajo de las OSC es el que visibiliza las tareas de protección al ambiente, lo importante
es que la sociedad no cree que ellas solas tengan la responsabilidad de su
cuidado”, destacó Pablo López Fiorito, director de Proyectos de esa consultora.
Un espacio para la discusión regional

Miembros de organizaciones de diez países de la región dieron a luz la Plataforma Climática
Latinoamericana. La propuesta surgió teniendo en cuenta que si bien el cambio climático es un drama global, “la región tiene especificidades y problemáticas comunes aunque realidades diferentes, y con esta plataforma no queremos homogeneizarlas”, definió María Eugenia di Paola, directora Ejecutiva de Farn, una de las cinco entidades argentinas
entre las 20 que integran ese espacio. El fin es analizar esas situaciones, hacer recomendaciones a los gobiernos y fomentar
el diálogo intersectorial. “La mitigación de los GEI (Gases de Efecto Invernadero), un eje
que se trabaja a nivel global, y la adaptación, un tema que preocupa a los países en vías
de desarrollo, son dos de los puntos sobre los que se concentrará el espacio.”
La posición es clara: “Los (países) que más emiten tienen que presentarse como aquellos
que brinden mayor asistencia”. Ésta también fue la posición de Argentina, que a pesar
de ser parte del G77, no integra un espacio regional. “Es por eso que es importante que
exista un análisis conjunto entre organizaciones de la sociedad civil”, concluyó Di Paola.

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