Año
15, Nro 74 Nota
de Tapa |
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Cambio climático: Impacto
en la Argentina
Mientras el mundo firma en Copenhague
otro acuerdo para frenar el calentamiento global,
en Argentina, el modelo productivo vinculado con la
explotación de los recursos naturales
ya generó la pérdida del 70 por ciento
de los bosques nativos, la retracción de los glaciares
en un 40 por ciento, inundaciones y sequías.
Las OSC advierten aquí sobre los problemas ambientales
más acuciantes del
país.
Textos ADRIÁN FIGUEROA DÍAZ
En la zona cordillerana, la temperatura promedio subió un
grado y hay glaciares que ya tuvieron una retracción
del 40 por ciento producto de ello y de la actividad minera.
La desertificación avanza 600 mil hectáreas
por año.Y sólo el 30 por ciento de los bosques
originarios permanecen en pie a causa de los desmontes
para la expansión de la frontera agropecuaria. Los
efectos negativos de las inundaciones y sequías
se potencian. Las poblaciones originarias y campesinas
lo sufren más que nadie; igual que los urbanos más
pobres viven a la buena de los basurales a cielo abierto
y enfermedades que habían sido desterradas.
El Cambio Climático (CC) es un hecho. Se siente
hasta en las amenazas del granizo rompe-autos y las románticas
nevadas porteñas. Tercer Sector muestra la mirada
de las organizaciones
sociales sobre los problemas más acuciantes de los
principales recursos del país.
Para comprender el fenómeno del Calentamiento Global,
primero hay que hablar de economía, que –por
definición
básica– es la actividad
humana que transforma los beneficios de la naturaleza a
fin de producir, administrar e intercambiar bienes para
su existencia. El aumento de la emisión de gases –como
el dióxido de carbono y el metano, por el uso y
quema de combustibles fósiles en las industrias– agravó lo
que se denomina “efecto invernadero”.
Los modelos productivos de Estados Unidos y China ubican
a esos países como los dos que generan más
de la mitad del total global de los Gases del Efecto Invernadero
(GEI). América latina aporta el 7,5 por ciento y
Argentina el 0,84, lo que la ubica en el puesto 25.
No obstante, “si bien el país emite un porcentaje
muy bajo, lo que emite per cápita está por
encima de la media mundial”, reparó María
Eugenia di Paola, directora Ejecutiva de la Fundación
Ambiente y Recursos Naturales (Farn).
Por todo esto no se puede hablar de medio ambiente sin
hablar de la forma en que se produce.
Discusión cumbre
La discusión básica en las cumbres de medio
ambiente intenta resolver dilemas económicos y medioambientales.
El tema es si los países más industrializados
disminuyen o no la emisión de Gases de Efecto Invernadero
(GEI).
La postura Argentina en Copenhague fue reclamar a los desarrollados
fondos para la mitigación y adaptación para
los países subdesarrollados, con un monto que oscile
entre el 0,5 y el 1 por ciento del PBI de aquellos. El
paradigma económico es tal que una de las salidas
está en el mercado de “bonos de carbono”,
con que los Estados desarrollados compensan su obligación
de disminuir su emisión de GEI.
Agua que no has de beber
Sólo el 2,5 por ciento del agua del planeta es potable.
En Argentina, entre el 75 y el 80 por ciento de ese recurso
es destinado a la producción agropecuaria.
“Debiera hacerse una mejor asignación del
recurso, así como un mejoramiento de la tecnología
del agro de manera que se la ahorre”, aconsejó Juan
Rodrigo Walsh, vicepresidente de la Asociación Argentina
de Ingeniería Sanitaria (Aidis). Para la población,
la cosa cambia. Según datos oficiales, el 20 por
ciento (8 millones de argentinos) carece de ese bien considerado
como un derecho humano. Pero fundamentalmente por falta
de inversión e infraestructura.
“Si bien Argentina genera un porcentaje muy bajo
de gases de efecto invernadero, lo que emite por cápita
está por
encima de la media mundial.” María Eugenia
Di Paola, de Farn.
Si se habla del recurso en sí mismo, Argentina lo
tiene en cantidad. El 70 por ciento está en glaciares
y periglaciares (formaciones de hielo que están
alrededor de la masa congelada o en su parte subterránea
o se ubican en las montañas) de territorios áridos
del área cordillerana, “que son las reservas
hídricas
más importantes y uno de los atemperantes del CC”,
destacó Marcelo Girault, geógrafo y miembro
de la Asamblea Popular por el Agua, una OSC mendocina.
El drama del CC hizo que la temperatura promedio en esa
zona se incrementase un grado y produjera el retroceso
de esas masas de hielos, con la consecuente baja de los
caudales de los ríos. Un informe oficial precisa
que en la Península
Antártica la temperatura promedio aumentó 2,5
grados, y de 50 glaciares compartidos con Chile, “sólo
uno está creciendo, otro está en equilibrio
y 48 están retrocediendo”.
Si bien no se sabe cuál es la superficie de masa
de hielo total en el país, “lo que sí se
sabe es que a causa del CC y la actividad minera, los glaciares
Toro 1 y 2, y el Esperanza, redujeron su caudal en un 40
por ciento”, reveló Cristina Martín,
presidenta de la OSC interprovincial Conciencia Solidaria.
Minería on the rock
En octubre de 2008, el Congreso sancionó una ley
de glaciares que tuvo el visto bueno de varias OSC, pero
al mes fue vetada por el Ejecutivo, dejando la puerta abierta
al crecimiento de la explotación minera.
“Entre megaminería, loteos y cultivos transgénicos
no se hace más que modificar los usos del suelo
y generar un caos en el ordenamiento territorial.” Raúl
Montenegro, de Funam.
¿Qué relación hay entre la minería
y los glaciares? Esa explotación tiene base en 5
mil kilómetros de territorio cordillerano –zona
glacial y periglacial– y la puesta en marcha de un
emprendimiento –sólo
uno de los 14 que se conocen– demanda 1.100 litros
de agua por segundo. La región es semidesértica. ¿De
dónde se abastece?
El problema empieza en la logística previa a la
explotación. “La
construcción de caminos, el ir y venir de camiones
y la remoción de suelo provoca una capa de polvo
en los glaciares que absorbe los rayos solares y los retrae”,
explicó Girault,
cuya OSC se suma al centenar de organizaciones de todo
el país que rechazan el nuevo proyecto de ley que
ya tiene media sanción del Senado porque, entre
otras cosas, no reconoce íntegramente las zonas
periglaciares
ni pone plazos para un inventario de esos recursos.
Pero la cuestión no termina en la superficie. “El
mineral explotado de manera tradicional desapareció,
ahora está disuelto en la roca y es extraído
por un proceso que utiliza químicos que deja consecuencias
más graves”, añadió la titular
de Conciencia Solidaria.
Lo que se utiliza en esas minas de oro, cobre, plata, plomo,
estaño, litio, zinc, cobalto, potasio, níquel
y uranio, principalmente, es cianuro, cuyo efecto contaminante
se expande a las napas,
los arroyos y ríos que abastecen a pueblos enteros.
Con la resistencia baja
“Claramente hay una relación entre medio ambiente
y las formas de producción.
Entre megaminería, loteos y cultivos transgénicos
no se hace más que modificar los usos del suelo
y generar un caos en el ordenamiento territorial”,
sintetizó Raúl
Montenegro, titular de la Fundación para la Defensa
del Medio Ambiente (Funam) y premio Nobel Alternativo 2004.
El ciclo hídrico del país se mantiene en
25 años de inviernos cálidos y veranos lluviosos,
y otros 25 de inviernos fríos y veranos secos. El
caudal de lluvias en los últimos 40 años
aumentó entre el 10 y el 40 por ciento, según
las zonas. El nordeste es la más dañada tanto
por la abundancia como por la falta de agua.
“La sequía que (este año) sufrió el
centro argentino es un fenómeno normal de ambientes
semiáridos. No fue la peor ni va a ser la más
grave. Lo que pasa es que coincidió con la Resistencia
Ambiental (RA) más baja del país.”
La RA se establece de acuerdo con la superficie de ambiente
nativo de un territorio.
Si se destruyen esos ambientes, la RA disminuye. “Entonces –continuó– el
problema de la tierra es que no sólo no tiene resistencia
a la sequía, sino tampoco a la lluvia y a las inundaciones.
Cualquier alteración que se produzca impacta de
una manera más grave.” Y Argentina destruyó el
70 por ciento de su bosque nativo.
Pisando la tierra
La industria forestal, la agricultura, la ganadería
y el infaltable negocio ininmobiliario dejaron en pie el
30 por ciento de los bosques. Entre 1937 y 1987 se deforestaron
2.355.308 hectáreas, y en los últimos 19
años
se desmontaron 6.436.899. La superficie actual es de 28.743.101
hectáreas. La pérdida de masa boscosa originaria
es inversamente proporcional al crecimiento de la frontera
agropecuaria. La destrucción de la flora y la fauna,
incalculable.
“Lo que no es natural es la degradación de
esas tierras por pedirle al suelo más de lo que
puede dar. Y en esto tiene que ver la actividad agropecuaria.” Elena
María Abraham, del Iadiza.
El desplazamiento de pueblos originarios y campesinos,
violento.
La sanción de la Ley de Bosques frenó el
60 por ciento de los desmontes.
“Varias provincias mantenían una política
de permisos desenfrenados y a partir de la ley se vieron
alertadas. No obstante, existen denuncias de desmontes
ilegales”,
afirmó Carina Quispe, directora de Política
Ambiental de Farn.
La norma “marcó un antes y un después,
fue muy buena porque articuló con la de Presupuestos
Mínimos que establece un fondo” que Nación
debiera girar a las provincias, de cuya órbita dependen
los recursos naturales. Sin embargo, OSC como Greenpeace
y Farn criticaron al Gobierno porque el Presupuesto 2010
destinó sólo 300 millones de pesos, de los
820 que debió asignar.
La industria de la desertificación
Por la utilización de combustibles fósiles,
la agricultura y el sector energético generan el
90 por ciento de los GEI en la atmósfera. En la
tierra también dejan secuelas: el CC y la ampliación
de tierra para el cultivo tambié aumentan
la desertificación.
Según el Instituto de Investigación de las
Zonas Áridas (Iadiza), el 70 por ciento del territorio
del país corresponde a tierras secas. “La
gradación de las condiciones de sequedad se establece
en la relación entre las precipitaciones y lo que
necesitan las plantas para vivir. Lo que no es natural
es la degradación de esas tierras por pedirle
al suelo más de lo que puede dar.Y en esto tiene
que ver la actividad agropecuaria”, concluyó Elena
María Abraham, directora de esa institución.
“La sociedad considera que el agua viene de las canillas,
no de las cuencas hídricas. Vive en un sistema de
consumismo que no le permite hacer esa relación.” Raúl
Montenegro, de Funam.
Si bien no hay un relevamiento exhaustivo de las tierras
degradadas, la especialista promedió que “la
desertificación avanza 600 mil hectáreas
por año”. Para Juan Minetti, meteorólogo
y director del Laboratorio Climatológico Sudamericano,
las consecuencias son producto de que “hay regiones
que fueron ocupadas por productores sin conocimientos de
las variabilidades interdecadales (entre décadas)
del clima”. Entonces, criticó, “cuando
se hizo uso del suelo bajo el alegato de que la tecnología
todo lo resolvería, no se midieron las consecuencias
ambientales y el Estado estuvo ausente”.
El escenario es tal que, según la flamante Plataforma
Climática Latinoamericana (ver aparte), los pronósticos
alertan por un empeoramiento de “la desertificación
de zonas tradicionalmente aptas para la agricultura”.
La contaminación más
visible
Un ícono de la contaminación más grosera
es el Riachuelo. Más de 10 mil industrias vierten
allí sus desechos de producción. La Corte
Suprema de la Nación se había expedido en
2008 para que los estados nacional, provincial y porteño
se hiciesen cargo del saneamiento.Y creó un cuerpo
colegiado coordinado por el Defensor del Pueblo de la Nación,
Farn, Greenpeace, el Centro de Estudios Legales y Sociales
(Cels) y la Asociación de Vecinos de La Boca.
Para el presidente de esta OSC, Alfredo Alberti, “si
bien la factibilidad del reordenamiento territorial de
la cuenca es factible, hay una escasa voluntad política
que no está acorde a la demanda social ni a las
de la Corte para dar respuesta al problema”.
Desde que el máximo tribunal se manifestó al
respecto, la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar)
censó 4.100 empresas y creó un cuerpo de
doce inspectores para los controles. “Hicimos un
cálculo y con esa cantidad de inspectores se tardaría
diez años en hacer una sola inspección a
esa cantidad de industrias, que son menos de la mitad de
las que hay. Enfocado así, el saneamiento es una
utopía”, criticó Alberti.
El grado de contaminación del Riachuelo tiene impacto
sobre los 3 millones de personas que viven a su vera.Y
ni hablar de los basurales.O sí. La existencia de
al menos 3 mil basurales a cielo abierto y rellenos sanitarios
pone en evidencia el éxito de las campañas
de reciclaje. Oficialmente, se reconoce un centenar de
basurales clandestinos en los barrios más pobres
del conurbano bonaerense, pero las estimaciones hablan
de 1.500, la mitad del país. En ellos se deposita
el 60 por ciento de los residuos sólidos urbanos.
De esta cantidad, el 85 por ciento podría reciclarse.
La contaminación de las napas es incalculable, así como
también las de sus emanaciones de metano, que deja
secuelas que tallan los cuerpos de la población
cercana y los de quienes frecuentan el área por
tareas como el cirujeo.
Conciencia para sanar
¿El país está preparado para los efectos
del CC? De no haber cambios, según las OSC y los
especialistas consultados, las poblaciones de la costa
atlántica
tendrán un alto grado de vulnerabilidad debido al
aumento del nivel del mar y la erosión; las ciudades
litoraleñas serán golpeadas por el incremento
de las lluvias en las altas cuencas; en las zonas secas,
las menores lluvias disminuirá el caudal de
los ríos y harán que la Región de
Cuyo deba reducir sus áreas de riego. De hecho, “con
el aumento de la población vamos a tener que realizar
esfuerzos de adaptación significativos para contar
con agua para el riego y la vida. Menos agua para más
población”, calculó Giraud, que también
integra el espacio de Asambleas Mendocinas Por el Agua
Pura (Ampap). Es decir que la situación de los más
pobres seguirá empeorando.
Y para los productores, el pan para hoy podría ser
hambre para mañana.
Según Montenegro, además de comprender la
RA de la que habló párrafos arriba “también
hay que tener en cuenta la Resistencia Social (RS), que
establece los comportamientos sociales.
La sociedad considera que el agua viene de las canillas,
no de las cuencas hídricas. Vive en un sistema de
consumismo que no le permite hacer esa relación.
Y hasta que no se dé cuenta del vínculo entre
consumo y medio ambiente, tal como la Ambiental, la Resistencia
Social va a seguir siendo la menor de la historia.”
Entrevista
Homero Bibiloni
“El paradigma es producción, ambiente, empleo
e inclusión social”
El secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la
Nación reconoce que el modelo de producción
llevó al
deterioro ambiental, desligó responsabilidades por
la deforestación y la minería y afirmó que
Argentina trabaja en la reconversión industrial.
–¿Cuál es la mirada del Estado sobre
el Cambio Climático?
–El escenario de CC es
el principal problema que preocupa al mundo, sobre todo
a las naciones desarrolladas porque presupone una redefinición
de las relaciones de política económica mundial.
El impacto es ambiental, pero los autores provienen del
agro, de la industria, del comercio o servicios; de todo
lo que genera el efecto invernadero.Y Argentina está trabajando
en la reconversión
interna de sistemas industriales. Los empleadores deben
invertir en ello y los ciudadanos, tener actitudes que
son pequeños sacrificios.
–Igualmente, el impacto mayor
es de las industrias.
–Por
supuesto. Pero están las responsabilidades
diferenciadas.
A Alemania, sanear el Rin le costó 20 años.
Pusieron un impuesto a los municipios, a los estados federales
y a la gente, y lograron una masa de dinero espectacular.
Esto no se podría hacer acá porque los municipios
más
bien piden fondos para resolver sus desajustes financieros.
–¿Cómo se revierte esa situación
aquí, relocalizando todas las empresas del Riachuelo?
–No necesariamente. Lo que hay que trabajar son procesos
de reconversión tecnológica con algún
tipo de asistencia pública con tasas subsidiadas.
–¿Cómo se entiende que haya un Estado
que incentiva la producción e industrias que invierten
y tienen un modelo de desarrollo contaminante?
–Hay un error en su planteo. No se fomentan industrias
contaminantes. El paradigma es producción, ambiente,
empleo e inclusión social. Lo que se impulsa son
empresas con comportamientos amigables con el medio ambiente.
–Entonces, cómo se explica la explotación
minera, los desmontes para la ampliación de la frontera
agropecuaria, las minas de carbón en la Patagonia...
–Primero, lo que hay que definir es si la Argentina
necesita de la minería. Si decimos que no, que (quienes
lo dicen) asuman las consecuencias para sostener a las
provincias que tienen ingresos por esa actividad. Si decimos
que sí, veamos qué minería queremos.
Pero para ello hay una secretaría específica.
Lo que Ambiente plantea es que las mineras tienen que crear
un fondo de contingencias para garantizar el cierre de
la mina con los rigores que hagan inviable una situación
infortunada.
–Pero no pagan impuestos al
combustible, ni tasa de importación...
–Eso dígaselo al Ministerio de Economía
y a la Afip. Yo soy Ambiente. Respecto de los bosques,
los administran las provincias. Nosotros trabajamos con
normativas de presupuestos mínimos para la protección
y mejoramiento de esos recursos. En el caso de la frontera
agropecuaria, trabajamos con el Ministerio de Planificación
en materia de ordenamientos territoriales, y con el de
Salud en el tema de pesticidas y herbicidas, que tienen
que ver con el glifosato.
–¿El glifosato es contaminante?
–No dije eso.
–Como trabajan con el Ministerio
de Salud...
–No lo podría decir porque no soy Salud ni
el Senasa. Lo que sí podemos decir es que indudablemente
ciertas prácticas agrícolas afectan la biodiversidad
del suelo. Pero hay que encontrar los equilibrios y terminar
con el discurso facilista que convierte a unos buenos y
a otros malos.
–¿Coincide con que las formas de producción
generaron esta situación?
–Es innegable.
–Entonces, ¿se puede
esperar que el mismo modelo se encargue de sanear lo que
hizo?
–Esto es inercial, es un tren que no se puede detener
con la mano, sino llevarlo a la vía correcta. Nosotros,
con políticas en las que invertimos mucha plata.
Los privados, con inversiones.
El sistema científico,
trabajando más en temas de impacto que en investigaciones
abstractas.Y la sociedad civil y las OSC, que actúan
como factor dinamizante, acompañando algunas cosas
y denunciando otras.
OPINION
“El clima ya está afectado”
POR ALEJANDRO SPINELLO *
Uno de los temas más urgentes sobre Cambio Climático
en Argentina es frenar los desmontes, la causa número
uno de pérdida de vida y biodiversidad. La ley de
bosques está mitigando
la problemática, pero el clima ya está afectado.
Cada árbol acumula
20 mil litros de agua.
Así que aquellos que se talaron ahora se están
pagando con inundaciones.
Otro tema son las grandes urbes, como Buenos Aires, a causa
del transporte y el smog, y la falta de sustentabilidad
con que se agrandan las ciudades.Y el otro drama es la
matriz energética del país. Más
del 90 por ciento de la energía proviene de la quema
de combustibles fósiles. La hidroeléctrica,
la más limpia, es mínima, no supera el 5
por ciento. El rol de las OSC es generar conciencia sobre
todo esto, porque si el tema no le interesa a la población,
no se van a generar políticas al respecto.
* Representante de la Fundación Proyecto Cambio
Climático, sede argentina de The Climate Projet,
de Al Gore.
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OPINIÓN
En
las manos de Dios
POR JORGE RULLI
La dirigencia no comprende cómo manejar los ecosistemas
y, más todavía, cómo asumir tareas
respecto del Cambio Climático.
Provoca vergüenza ajena la posición que se lleva
como país a la Cumbre de Copenhague. No se trata
de morigerar las causantes de la contaminación
o del efecto invernadero, sino que se va a tratar de
conseguir financiación para una adaptación
a la crisis planetaria, cuando jamás se demostró voluntad
real de modificar los mecanismos y modelos que contaminan.
Hay una estrecha relación entre el modo en que
se produce y cómo
se afecta el medio ambiente. La Argentina aporta
al cambio climático de modo
desmesurado para su tamaño y crecimiento, y eso
responde al desinterés y al desprecio por
el medio ambiente. Una de las causas de contaminación,
son los basureros urbanos y vertederos a cielo abierto,
que emiten metano. Otras causas del aporte es un sistema
de transportes basado en combustibles fósiles,
la existencia de miles de corrales de engorde con hacienda
que emiten cantidad de gases meteóricos y un modelo
de agricultura industrial dependiente a petróleo,
que ha desmontado montes y bosques, y que a pesar de
hacerse con siembra directa y debido a la cantidad enorme
de agrotóxicos
que usa, está provocando una catástrofe
en los suelos. En muchas localidades inglesas, mientras
tanto, se están preparando
para resistir la simultaneidad de la crisis del petróleo
con la crisis climática,
resuelven la instalación de aerogeneradores, establecen
tiendas de cercanías y
plantan montes frutales en los espacios públicos.
En nuestro país el problema no es
de falta de dinero, sino de falta de voluntad y de comprensión
de los problemas ecológicos.
Se ignora que el maltrato de los ecosistemas ocasiona
enormes impactos sobre la población y que el cambio
climático
no hace sino acentuar esos riesgos.
La población urbana sufrirá nuevas enfermedades
y la agresión de patógenos, que
operan sobre desequilibrios ambientales; incluimos desórdenes
del ecosistema microbiano y una caída de los sistemas
inmunológicos,
consecuencia de la ingesta de comida chatarra y de la
contaminación. O las miles de
víctimas de las fumigaciones con agroquímicos...
No existe mayor preocupación
por rever esas políticas. Frente a la crisis
del petróleo y los desórdenes climáticos,
estamos en las manos de Dios.
Miembro del Grupo de Reflexión Rural.
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Los
que enfrían el planeta
Enfrente de las energías “sucias” generadoras
de gases que incrementan el efecto invernadero están
las “limpias” o renovables.
Hay quienes las promueven por mera declamación
medioambiental. Otros, las llevan a la práctica
por necesidad y convicción. Como el Movimiento
Campesino de Santiago del Estero (Mocase), que acaba
de reinaugurar FM Paj Sachama (“Pájaro
que vuela desde el monte”, en quechua), que
funciona con energía solar. ¿Cuál
es la necesidad? La radio está en El Retiro,
un lugar fuera del interconectado nacional eléctrico. ¿Cuál
es la convicción? “El 98 por ciento
de los campesinos del Mocase trabaja con ecología
de producción
de alimentos y ‘enfriando el planeta’,
es decir,
sin utilizar agroindustrias contaminantes”,
definió Ángel Strapazzon, miembro del
Mocase. Para la programación de entre seis
y ocho horas de Paj Sachama, “se utilizan 20
paneles y baterías grandes con una capacidad
de almacenamiento que nos permitiría usar
la radio durante diez días nublados”,
precisó Ángel. La emisora no es una
excepción. “Utilizamos
paneles en la quesería, la fábrica
de dulces y la carpintería, desde 1994.” Es
más,
en los puntos donde tiene presencia, el Mocase logró que
de 20 mil viviendas rurales haya entre 7 y 8 mil
con paneles. Las claves: “La
necesidad de la soberanía alimentaria, porque
a eso debemos tender los pueblos. Siempre sabiendo
que, como dice (la organización)
Vía Campesina, somos pequeños productores
que enfriamos el planeta”. En el Mocase también
hay 300 campesinos que utilizan la energía
eólica para los
pozos de agua para la agricultura y el consumo humano.
Algo similar a lo que hizo Greenpeace: en Río
Negro, los 31 chicos de la Escuela Hogar 72 tienen
luz eléctrica generada por
Quilu
Mara (“Pájaro Libre”, en mapuche),
un molino de energía eólica instalado
por una iniciativa de esa organización ambientalista.
La vida cambió. Antes, un pequeño grupo
electrógeno alumbraba la noche durante dos
horas en las cuales, además, debían
cargar baterías de celulares, lavar la ropa
y utilizar elementos de cocina. Lo mismo que en Aguada
Chacayco, Neuquén, donde los chicos de la
127 quedaban sin escuela hasta la primavera porque
no tenían energía. Hay sólo
15 parques eólicos operando
en el país. Los especialistas identifican
a la Patagonia como una de las regiones de mayor
potencial para esa energía.
“En Argentina,
la participación de energías renovables
representa el 5 por ciento y, según el modelo
propuesto por Greenpeace, se incrementaría
hasta el 20 por ciento en 2020 y llegaría
al 60 en 2050”, estimó Juan Carlos Villalonga,
director político de esa organización,
durante la presentación del informe La Revolución
Energética, realizada en septiembre último. |
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Cambio
Climático antes que crisis económica
Para los argentinos, el problema más serio que afecta
al mundo es el Cambio Climático
(CC), según una encuesta de Ibarómetro. El
38,1 por ciento consideró esa problemática
como la más relevante, luego de la crisis financiera
internacional (15,8), entre otras.
Lo notable es dónde ubicaron la responsabilidad
de la protección del medio ambiente: el
44,8 por ciento consideró que es un deber de “todos”,
mientras que para el 15,2 le corresponde al gobierno y
para el 4,7 por ciento, a las organizaciones sociales. “Más
allá de que el trabajo de las OSC es el que visibiliza
las tareas de protección al ambiente, lo importante
es que la sociedad no cree que ellas solas tengan la responsabilidad
de su
cuidado”, destacó Pablo López Fiorito,
director de Proyectos de esa consultora. |
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Un
espacio para la discusión regional
Miembros de organizaciones de diez países
de la región dieron a luz la Plataforma
Climática
Latinoamericana. La propuesta surgió teniendo
en cuenta que si bien el cambio climático
es un drama global, “la
región tiene especificidades y problemáticas
comunes aunque realidades diferentes, y con
esta plataforma no queremos homogeneizarlas”,
definió María
Eugenia di Paola, directora Ejecutiva de
Farn, una de las cinco entidades argentinas
entre las 20 que integran ese espacio. El
fin es analizar esas situaciones, hacer recomendaciones
a los gobiernos y fomentar
el diálogo intersectorial. “La
mitigación de los GEI (Gases de Efecto
Invernadero), un eje
que se trabaja a nivel global, y la adaptación,
un tema que preocupa a los países
en vías
de desarrollo, son dos de los puntos sobre
los que se concentrará el espacio.”
La posición es clara: “Los (países)
que más emiten tienen que presentarse
como aquellos
que brinden mayor asistencia”. Ésta
también fue la posición de
Argentina, que a pesar
de ser parte del G77, no integra un espacio
regional. “Es por eso que es importante
que
exista un análisis conjunto entre
organizaciones de la sociedad civil”,
concluyó Di Paola. |
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