Año
16, Nro 76 Nota
de Tapa |
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Líderes sociales
Encabezan propuestas innovadoras.
Saltaron a la escena pública por su contribución a
mejorar la realidad de sus comunidades. Algunos ejercen
un liderazgo personalizado, otros responden a procesos
participativos. Muchos eligen incursionar en la política.
Quiénes son y qué hacen algunos de los
referentes sociales más destacados de Argentina.
Textos LUCIANA ROSENDE
Muchos de ellos no se reconocen como líderes. Consideran
que esa denominación remite a estructuras personalistas
y verticalistas, y no se sienten identificados con eso.
Sin embargo están a la cabeza de movimientos,
emprendimientos u organizaciones que convocan, representan
y ayudan a miles y miles de personas. Hombres y mujeres
que sí los ven como líderes, pese a su reticencia.
Ya sea en comedores, cooperativas de trabajo, organizaciones
ambientalistas, emprendimientos educativos o cualquier
otro espacio comunitario, los líderes o referentes
sociales aparecen en todos los casos.
Amparados en largas trayectorias de lucha y caracterizados
por pretender siempre ir por más, las y los que
asumen un rol de liderazgo se enfrentan al desafío
de lograr que las iniciativas que impulsan crezcan como
espacios amplios y participativos. ¿Es posible tal
cosa? ¿Un liderazgo fuerte es compatible con una
construcción colectiva?.
“¿Me puedo sacar una foto con vos?” La
pregunta se repite una, dos, muchas veces en Parque Lezama,
en el acto organizado para anunciar la movilización
de pueblos originarios. Una, dos, muchas fotos se saca
Milagro Sala con quienes se lo piden. Recién después
se aleja unos pasos del gentío para contestar algunas
preguntas. “Te digo humildemente que todavía
no me siento una líder social, porque me falta mucho”,
dice la principal referente del movimiento Túpac
Amaru,
pese al protagonismo que adquirió en los últimos
tiempos. “Para ser líder social hay que llegar
a todos los sectores donde hay necesidades.Y todavía
no hemos llegado”, explica.
“Persona a la que un grupo sigue reconociéndola
como jefe u orientadora”, dice la Real Academia Española
para definir al término “líder”.
¿Por qué muchos de los referentes de organizaciones
y movimientos sociales eligen no señalarse como
tales? “Dentro
de la discusión de la década del ’90
y principios de 2000, la palabra líder ni siquiera
se usaba en las ciencias sociales porque se suponía
que los movimientos eran horizontales; se tomaba como dado
algo que era una consigna o una orientación de una
práctica”, explica la antropóloga e
investigadora de Conicet Virginia Manzano. “Creo
que no hay ninguna organización que yo haya visitado
que no tenga una práctica de asamblea. Pero en el
día a día se sostiene con personalización.”
“Al convertirte en gobierno hay más herramientas.
La ONG tiene un techo, no podés modificar profundamente
la vida en tu comunidad.” Fabián Ferraro.
Esa coexistencia entre edificación de liderazgos
y organización comunitaria y participativa se da
en los distintos tipos de organizaciones y movimientos
consultados. Siempre uno o algunos de los miembros del
colectivo se constituyen en líderes; se convierten,
por un lado, en la cara más visible del grupo y,
por otro, en la persona a la que los demás miembros
consideran como referente.
Pero, al mismo tiempo, se busca construir una estructura
amplia, donde no sólo el líder tenga voz.
“Los referentes muchas veces toman decisiones operativas,
pero las decisiones finales están en la asamblea.
Por ahí el referente es el que sabe sintetizar el
espíritu de lo que se decide en asamblea”,
opina Gustavo Vera, uno de los gestores de La Alameda,
colectivo que nació a fines de 2001, época
de formación de asambleas barriales con ruido a
cacerolazos, y que con el paso del tiempo se convirtió en
cooperativa de trabajo textil, emprendimiento educativo
y espacio de asesoramiento jurídico laboral para los
trabajadores. “Soy un referente porque soy uno de
los fundadores, pero acato lo que dice la asamblea”,
aclara. Ser “uno de los más pobres” y
seguir trabajando como maestro de grado –dice– contribuye
a que los demás, pese a tener tanta voz y voto como él,
lo consideren líder.
¿Nacen o se hacen? En el ámbito empresarial
proliferan los cursos, conferencias y libros para aprender
a ser líderes. Pero, más allá del
mundo del marketing, ¿el liderazgo se aprende? Todos
los entrevistados coinciden en que es una construcción
que se da en la práctica. Sin embargo, hay también
características
personales que hacen que sean unos –y no otros– quienes
se constituyan en las o los líderes de una entidad.
A partir de su trabajo de campo en movimientos y organizaciones
de la provincia de Buenos Aires, Manzano da cuenta de dos
principales dimensiones que hacen a la formación
de los líderes: “Se van definiendo por una
serie de tareas cotidianas que tienen que ver, por un lado,
con el soporte de la sobrevivencia de las personas; saber
si existen líneas para subsidiar proyectos, emprendimientos,
comedores comunitarios. Y otra dimensión importante
tiene que ver con la emotividad, con poder contener situaciones
de desamparo profundas, por ejemplo, en lo cotidiano pasarse
horas escuchando historias de sufrimiento de las personas
de su barrio o de su organización”.
“Lo que caracteriza a los líderes es su perseverancia”,
sostiene Ricardo Bertolino. Una trayectoria de más
de 15 años –primero, como fundador de los
Ecoclubes, y hoy, al frente del Movimiento Agua y Juventud– avala
sus palabras.
Quienes detentan el lugar de conducción, “no
aceptan un no como respuesta, piensan en la articulación
de actores y planifican a largo plazo. Y hay algo innato:
tienen un sueño y lo hacen convocante”, aporta
Guillermina Lázzaro, directora Región Cono
Sur de Ashoka, fundación abocada a la identificación
y el acompañamiento de emprendedores sociales. La
entidad se toma un largo tiempo para evaluar quiénes
cumplen los requisitos para ser impulsados como líderes
sociales y privilegian las propuestas innovadoras, el potencial
personal y los valores. Los referentes elegidos reciben
asistencia en cuanto a oratoria, manejo de recursos humanos
y se les facilitan puentes para vincularse con otros sectores.
Lo que se busca es que “los emprendedores vuelvan
a replicar e inspirar a otros”, destaca Lázzaro.
Sumándose a la concepción colectiva del liderazgo
social, aclara: “Fortalecemos a personas, pero en
tanto sean parte de un ecosistema de liderazgo.
“En la década de los ’90 estaba mal
visto pasar del sector social al sistema de representación
o bien a cargos públicos
en el Estado.
En la actualidad esa división se licua y son varios
los dirigentes sociales con vocación de disputar
poder.” Carlos
March, de Avina.
Hay una diferencia entre el desarrollo en Latinoamérica
y en el mundo: en Estados Unidos es mucho más individualista,
acá solemos hablar en plural”.
Félix Bombarolo, miembro de Nauyaka –grupo
de profesionales abocados a procesos de desarrollo social–,
tiene una mirada más negativa sobre la construcción
de liderazgo:
“Se ha venido conformando una ‘imagen de liderazgo’ que
responde a la cultura que hemos venido construyendo: excluyente,
autoritaria, inculta, personalista, hedonista, frívola,
paternalista y poco representativa del interés general.
Así son nuestros líderes también,
porque son parte de esta sociedad”.
Los intentos de determinadas personas por convertirse en
líderes, plantea Bombarolo, suelen responder a “un
mecanismo para acceder a posiciones de poder, ventajosas,
privilegiadas, más que una forma de asumir un rol
de servicio, componedor, desinteresado y altruista, como
debería ser”.
Cuando ellas lideran
En quechua, Warmi Sayajsunqo quiere decir mujer perseverante.
Fue el nombre elegido por Rosario Quispe para bautizar
la organización que gestó y conduce en La
Puna.
Mujer colla, madre de siete hijos, Rosario comenzó a
visitar comunidades de la región a los 21 años,
junto a los curas de la Organización Claretiana
para el Desarrollo.
Encontró hambre y mujeres solas, y les propuso trabajar
juntas para salir adelante, poder enviar a los hijos a
estudiar, tener ingresos propios. La producción
de artesanías fue el primer desafío. Después
llegarían
la lucha contra la explotación minera, la producción
comunitaria de tejidos, la generación y asignación
de microcréditos.
“Yo trabajo para la gente. Organizamos La Puna lo
mejor que podemos –cuenta desde la localidad de Abra
Pampa–. Más de una vez me han ofrecido cargos
políticos. Pero no me interesa. Vi a tantos compañeros
perderse ahí… Donde estoy le sirvo a mucha
gente. No tengo que fijarme si son radicales o peronistas,
los veo a todos por igual.”
Desde aquellas primeras tareas junto al sacerdote del pueblo
hasta hoy, Quispe ha transitado un largo camino: su emprendimiento
llega a 87 comunidades y beneficia a más de tres
mil familias.
“En el caso de las mujeres hay un discurso muy marcado
de que lo hacen por el cuidado de los hijos, por el cuidado
de la familia”, explica la antropóloga Manzano.
Esta lucha nace, plantea la investigadora, de una visión
tradicional de género: ellas, como responsables
de alimentar a los niños. Sin embargo –analiza–, “si
convivís un día
con una mujer dirigente, toda su vida está articulada
en lo público, muy poco en lo doméstico,
porque tienen que estar en la calle, recorriendo casas
de los vecinos, dependencias del Estado, haciendo reuniones”.
En general los primeros pasos hacia la construcción
de un liderazgo social por parte de las mujeres implican
un conflicto al interior de la casa. Pero, observa la antropóloga,
si bien en un principio no había un acompañamiento,
para que ellas se puedan constituir en líderes,
hay un trabajo de sus unidades domésticas como un
todo.
El salto a la política
A los 22 años, Fabián Ferraro era jugador
de fútbol y veía con preocupación
la situación de pobreza y marginalidad en la que
se encontraban los chicos y adolescentes de su barrio,
Chaco Chico, al oeste del Gran Buenos Aires. Fue así como
decidió aprovechar
el deporte de sus amores para generar un espacio de integración.
Y fundó el Club Defensores del Chaco. Con el tiempo,
la pelota dejó de ser la única herramienta
de convocatoria: el club se convirtió en centro
cultural, escuela de educación popular y ámbito
abierto a toda la comunidad.
A partir de esa experiencia nació Fundación
Fútbol para el Desarrollo (Fude), organización
social que apunta a la integración a través
del deporte y tiene alcances a nivel latinoamericano.
Y cuando su labor en el ámbito de las OSC ya estaba
consolidado, Ferraro optó por dar el paso hacia
la política: primero como concejal y luego –pensando
en 2011– como candidato a intendente de Moreno.
“Fue una decisión colectiva. Fui uno de los
que más se resistió. Pero al convertirte
en gobierno hay más herramientas. La ONG tiene un
techo, no podés modificar profundamente la vida
en tu comunidad.
Creíamos que ya estábamos maduros para intentar
ser gobierno”, explica Ferraro. Su mirada del paso
a la política como una construcción colectiva
tiene que ver con su apreciación sobre la figura
del liderazgo social: “No creo en los iluminados.
Creo en los procesos colectivos. Sí creo que los
líderes pueden motorizar los procesos. Si no entienden
eso, el proceso se queda en el emprendedor”.
Gabriel Berger, director del posgrado de Especialización
en Organizaciones sin Fines de Lucro de la Universidad
de San Andrés, considera que el traspaso de nuevos
liderazgos de sus ámbitos iniciales de actuación
está relacionado con que el trabajo de las OSC “trasciende
a la propia organización y su abordaje requiere
actuar con mucha frecuencia en la esfera pública”.
Por su parte, Mario Roitter, investigador del Centro de
Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), marca una distinción
entre el líder de una organización social
y la figura que pretende constituirse como líder
poproporción al espacio que le dan a esas personas
los medios masivos de comunicación”.
Un antes y un después
Fueron muchos los emprendedores
que, en los últimos años, se animaron al
salto al ámbito político. “En Argentina
estamos acompañando a cerca de 250 líderes
sociales y empresarios.
De ellos, un 10 por ciento arrancó en una organización
social y ahora está en el mundo de la política”,
afirma Carlos March, representante en Argentina de la Fundación
Avina, dedicada a la identificación e impulso de
líderes sociales y empresarios.
“En la década de los ’90 estaba mal
visto pasar del sector social al sistema de representación
o a cargos públicos en el Estado. En la actualidad
esa división pueril se licua y son varios los dirigentes
sociales con vocación de disputar poder”,
dice March, y señala la crisis de 2001 como punto
de inflexión y “cambio de paradigma: el líder
social entiende que debe involucrarse en política
y tomar una actitud más proactiva”.
Pablo Forni, sociólogo e investigador de Flacso,
también observa un quiebre en 2001: “Durante
los años ’90 surgen líderes sociales
por fuera de las estructuras de los partidos políticos
tradicionales ante el aumento de la pobreza y exclusión
social en general. Luego de 2001 –compara– muchos
de estos líderes pasan a la política ocupando
incluso cargos a nivel municipal, provincial y nacional”.
El caso de líderes piqueteros que luego devienen
funcionarios o candidatos representa, dice Forni, el ejemplo
más claro.
Quien llega al terreno político partidario o al ámbito
estatal después de haber transitado largos recorridos
en organizaciones y movimientos está en condiciones
de aplicar las herramientas adquiridas en la definición
de políticas públicas.
Tal es el desafío para los referentes sociales que
se animan a dar el salto.
“Hay un aprendizaje y una metodología que
se van desarrollando, existe una construcción interna
para poder lograr determinados resultados.
Más allá de los temas puntuales tiene que
ver con el abordaje de las políticas sociales. Se
va aprendiendo en el transcurso, en el vínculo con
la gente. Hay una cuestión vivencial muy importante”,
resume Elisa Pineda. Hoy Coordinadora Territorial de la
Comisión Nacional de Pensiones Asistenciales del
Ministerio de Desarrollo Social, Pineda fue una de las
mujeres que a principios de los años ’80 formaron
un movimiento de educadoras sanitarias en Lomas de Zamora,
que llegaría a tener cuatro mil integrantes; después
de casi una década de trabajo, se convirtió en
una de las fundadoras de la Fundación de Organización
Comunitaria (FOC). “No creo en las figuras personalistas –aclara– Siempre
hay un líder, pero debe generar equipos de líderes.” Mientras
ella va por su tercera experiencia en el ámbito
público,
la FOC que contribuyó a fundar y presidió continúa
su labor bajo la coordinación de otros. Más
allá del
individuo que esté a la cabeza, el colectivo continúa
implementando programas que benefician a más de
ocho mil niños, jóvenes y adultos.Y de eso
se trata.
“No me defino como líder social” Ana
Gravina
El Encuentro nació en un contexto de hiperinflación,
pobreza y hambre. Corría el año 1989 y la
crisis golpeaba también a las organizaciones
sociales, que peleaban por subsistir. En ese marco, siete
centros comunitarios bonaerenses optaron por unirse como
medida de resistencia. Su fundadora, aún hoy al
frente de la red, fue Ana Gravina.
“No me defino como líder –recalca de
antemano–. Sin desconocer los liderazgos que existen,
nosotros adherimos a la construcción horizontal.
Reconociendo el valor de un liderazgo democrático
y respetuoso, nos parece que el objetivo principal siempre
ha sido construir con la base más amplia posible.”
Con el accionar colectivo como premisa, El Encuentro reúne
hoy a 17 organizaciones (a veces algunas más, otras
unas menos) abocadas a la alimentación, educación
y desarrollo integral de bebés, chicos y jóvenes.
La red funciona con reuniones periódicas que convocan
a un representante de cada centro. Así,
todas las organizaciones que forman parte trabajan en torno
de criterios compartidos, pero a la vez continúan
manejándose como entidades independientes. “Una
de las cosas buenas de estar en red es que se genera una
cuestión de avales y la responsabilidad
es compartida”, explica Gravina.
Con una estructura que funciona aceitadamente desde hace
más de 20 años, constituyendo una red de
centros comunitarios que superaron ampliamente el objetivo
de dar alimentos y beneficiando en conjunto a miles de
niños
y adolescentes bonaerenses, podría pensarse que
su próximo paso será mutar de
su rol de referente social por el de funcionaria pública
o candidata partidaria. Pero no. “No pienso en pasar
al ámbito del Estado porque tengo un sentimiento
de pertenencia muy profundo. Éste
es mi ámbito”, enfatiza. Sin dejar de considerar
importante la articulación
con el Estado “tenemos la convicción de que
es fundamental”, dice esta
líder social que no acepta definirse como tal y
opta por continuar su tarea desde el centro de la red de
organizaciones sociales que gestó, hace ya más
de dos décadas.
Construir entre todos Milagro Sala
Es la cara visible de un movimiento que nació en
Jujuy pero cuya red se extiende por distintos puntos del
país. Es la principal referente
de la Organización Barrial Túpac Amaru, que
lleva más de tres mil viviendas
construidas cooperativamente en barrios donde funcionan
espacios recreativos para chicos y jóvenes, centros
de integración comunitaria, fábricas textiles,
bloqueras y metalúrgicas.
Donde obtienen techo, trabajo y educación miles
de niños, jóvenes
y adultos. Sin embargo, Milagro Sala no se siente líder. “No
soy yo, somos todos”, insiste. Un movimiento
social funciona, para ella, tal como la construcción
de viviendas que realizan las cooperativas de la Túpac:
el proceso se lleva adelante entre todos, ladrillo a ladrillo. “Antes
veíamos que en los partidos políticos decían
la juventud por un lado, la rama femenina por otro, el
centro de pensadores por separado, y así. Nosotros
en la organización social lo que hicimos es juntar
todo: demostramos que el joven puede trabajar con la madre,
la madre puede trabajar con el padre, el padre puede trabajar
con el hijo y con el joven de la esquina”, relata.
De hecho, la jujeña no adquirió notoriedad
pública a partir de su
papel en el movimiento social. La Organización Barrial
Túpac Amaru llevaba años de trabajo
y crecimiento cuando la figura de Milagro
Sala se volvió mediática. Y ocurrió no
a partir del reconocimiento de su tarea sino del cuestionamiento
de sus métodos, la acusación
de autoritarismo, clientelismo y hasta de involucramiento
en tráfico de drogas.
Aquellas acusaciones, disparadas en un primer momento por
el senador Gerardo Morales y desmentidas con hechos en
los barrios de la Túpac
en Jujuy, terminaron contribuyendo a que la imagen de Sala
como líder de la organización
se difundiera por todo el país. Pero ella insiste
en no reconocerse como tal. La tarea social debe trascender
a las personas, sostiene. ¿Cómo? La clave
está en
que “en el trascurso de la lucha no creas que sos
imprescindible”.
Liderazgo joven
Capacidad de coordinación, aprendizaje a través
de la experiencia, espíritu emprendedor…
Las características que definen a los líderes
sociales pueden darse también entre los jóvenes.
Chicos y chicas que a muy corta edad deciden luchar por
una causa social y se convierten en líderes de esos
espacios, aunque no superen los veintipico.
Es el caso de Jorgelina Schmidt, coordinadora de la Red
Nacional de Jóvenes y Adolescentes para la Salud
Sexual y Reproductiva. Tenía 19 años
y estudiaba Trabajo Social cuando comenzó a dar
talleres de educación
sexual en comedores y escuelas. Al poco tiempo, una profesora
la vinculó a la Red y
comenzó a adquirir y compartir herramientas para
informar, sensibilizar y luchar por los derechos de jóvenes
y adolescentes en materia de salud sexual. Hoy, a los 26,
Jorgelina coordina una red que incluye a más de
20 grupos de 12 provincias. “No es que sé más
que los demás, pero sí siento pasión
por lo que hacemos y sé que puedo transmitir ese
entusiasmo a otros, contagio”, dice para explicar
su rol.
Anabella Nieto (foto) tiene un año menos: 25. Está a
punto de recibirse de licenciada en Ciencias de la Educación
y coordina el programa de promoción de lectura Queremos
Leer, implementado por la Fundación Temas en escuelas
de la Villa 21/24 de Barracas.
La meta es generar, tanto entre chicos en edad escolar
como entre futuros docentes, el placer de la lectura. “Todavía
no me siento líder, creo que estoy en una etapa
de aprendizaje.
Se necesita un abordaje teórico, pero sin ir a las
escuelas y estar en contacto con los chicos es imposible
llegar a un rol direccional”,
dice la coordinadora del programa
que llega, cada año, a unos 3.500 nenes y nenas.
Matías
Rubbino tenía 12 años cuando
se acercó a un Ecoclub. Junto a otros chicos de
su edad comenzó a organizar –en Entre Ríos– campañas
mediáticas y actividades
en escuelas. “Tomé las riendas de mi grupo
con tan solo 13 años –cuenta–, cuando
decidí ser presidente local, fue allí cuando
comencé a
considerarme un líder social.” Con 18 años,
Matías es hoy Presidente Nacional
de Ecoclubes, coordinando grupos en todo el país.
De cara al futuro, no piensa acercarse al ámbito
político. Prefiere, en cambio, contribuir a la formación
de nuevos líderes
que tomen la posta: “Podemos tener muchas acciones
pero sin jóvenes capaces de alimentarlas
será imposible seguir creciendo”, sentencia.
Diez características de un líder
social
Tiene capacidad de coordinar grandes grupos
Es la voz de decisiones tomadas en asamblea
Siente pasión por lo que hace, y la contagia
Predica con el ejemplo
Se destaca por su oratoria
Tiene predisposición para escuchar al otro
Persevera en sus luchas
Cada vez que alcanza una meta, apunta a la siguiente
Busca soluciones en otras experiencias de liderazgo
Se ocupa de la formación de nuevos líderes
CÓMO CONECTARSE
Ashoka
infoargentina@ashoka.org
4393-8646/8646
Fundación Avina
info.argentina@avina.net
4816 2400
Centro de Estudios
de Estado y Sociedad
cedes@cedes.org
4865-1707/04/12
Cooperativa La Juanita
cooperativalajuanita@hotmail.com
4698-0147/4281
Fundación de
Organización Comunitaria
comunicacion@fundacionfoc.org.ar
3526-1510
Fundación Ecoclubes
fundacion@ecoclubes.org.ar
Fundación Fútbol
para el Desarrollo
info@fundacionfude.org.ar
(0237) 463-7090
La Alameda
contacto@mundoalameda.com.ar
4671-4690 / 4115-5071
Fundación TEMAS
temas@fundaciontemas.org.ar
4821-8555 / 4827-3065
Movimiento Agua y
Juventud Internacional
www.waterandyouth.org
Nauyaka Desarrollo
Latinoamericano
felixbom@nauyaka.net
Organización Barrial Túpac
Amaru
www.tupacamaru.org.ar
Red El Encuentro
redelencuentro@telered.com.ar
(02320) 426-786
Red Nacional de Jóvenes
y Adolescentes para la
Salud Sexual y Reproductiva
www.rednacadol.org.ar
Warmi Sayajsunqo
cirpa@arnet.com.ar
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Un
líder social en el Parlamento
Héctor Toty Flores
“El liderazgo social en el caso mío fue
por necesidad, no por decisión”, define
Héctor
Toty Flores, fundador del Movimiento de Trabajadores
Desocupados (MTD) de La Matanza y de la Cooperativa
La Juanita. Su figura comenzó a
tomar notoriedad cuando en
1997 rechazó los planes sociales asignados por
el Estado, por considerar que se distribuían
de forma clientelar.
La Juanita nació allá por 2001, hoy cuenta
con talleres textil, de serigrafía y de reciclado
de computadoras. También, funcionan allí una
panadería, un jardín comunitario y una
editorial. Además, están en marcha
un programa de microcréditos, una feria comunitaria,
iniciativas de apoyo escolar y espacios recreativos
y artísticos.
Es mucho. Pero quien fuera su impulsor dejó de
considerarlo suficiente. “Cuando nos
empezó a ir bien en los
emprendimientos, vimos
que no alcanzaba con que 40 ó 50 personas tuvieran
trabajo. Empezamos a pensar cómo podíamos
aportar desde
nuestra experiencia y nos
animamos a entrar a la política”, cuenta
Flores,
hoy diputado por la Coalición
Cívica.
“Los líderes sociales de las últimas
décadas tienen lo que ya no está en la
política:
valores, principios, búsqueda de transformación.
Creo que lo empezaron a tomar sin
darse cuenta y su actividad construye hoy capital social.
No es una búsqueda por construir
poder –aclara–, sino que se da naturalmente
al apoyarse en esos principios. Si no,
el capital social se perdería.”
Como líder social que optó por avanzar
hacia el ámbito político partidario,
Héctor
Toty Flores impulsa hoy un proyecto de ley para crear
una Oficina de Sociedad Civil y
Parlamento. La iniciativa (que ya había sido
presentada pero perdió estado legislativo)
apunta a generar mayor articulación entre el
espacio social y el político. Una meta
que comparten todos los líderes de organizaciones
y movimientos cuando arriban al
ámbito estatal.
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Del
municipio al mundo
Ricardo Bertolino
El punto de partida fue un inconveniente cotidiano
del ámbito local: no había un tratamiento
adecuado de los residuos en los municipios de Santa
Fe. Con el objetivo de
modificar esa situación, Ricardo Bertolino
fundó en 1995 el primer Ecoclub: un espacio
para que jóvenes de entre 12 y 25 años
comenzaran a aprender y preocuparse por el manejo
de los residuos y el cuidado del ambiente en su comunidad.
“Me relacioné con escuelas y grupos
de jóvenes para asumir un rol colectivo. En
principio
fue contra los basurales a cielo abierto. De a poco,
al haber más grupos de jóvenes y en
más municipios, empezamos a capacitar
desde la universidad (Facultad de Ciencias Agrarias,
extensión universitaria).
Luego armamos una red de capacitadores”,
relata Bertolino. ¿Cómo se formaba
a esos futuros líderes? “Había
que plantear el desafío
y mostrar cómo dar los primeros pasos –explica– y
luego impulsarlos a transmitir
su experiencia a otros.”
Cada paso ampliaba la iniciativa, que no tardaría
en trascender fronteras: los ecoclubes proliferaron
por todo el continente americano y aterrizaron también
en África y Europa.
En la Argentina, en tanto, están presentes
en más de 170 municipios. La red social
por el cuidado del medio ambiente llegó a
involucrar a alrededor de diez mil jóvenes
y recibió el apoyo de la Organización
Panamericana de la Salud (OPS).
Hoy, Bertolino ya no está al frente de este
movimiento, que adquirió vida propia. El ingeniero
agrónomo preside el Movimiento Agua y Juventud,
entidad que “nuclea a muchas
organizaciones, con diferentes visiones, sobre temas
como acceso al agua, saneamiento
y cambio climático”.
Una década y media después de la fundación
del primer Ecoclub, tras llevar la iniciativa
por todo el mundo e involucrar a varias generaciones
de jóvenes, Bertolino sigue teniendo
el mismo objetivo que en los inicios: trabajar de
forma colectiva por el cuidado
del medio ambiente, para generar una mejor calidad
de vida. |
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¿Qué distingue
a un líder social?
POR BERNARDO BLEJMAR
Tendemos a pensar en compartimentos estancos, como si líderes
políticos y sociales provinieran de ámbitos
diferentes, pero ambos surgen
del mismo país, de la misma cultura. No creo que
haya que pensar el liderazgo social como contracara del
descrédito
del liderazgo político, sino que el incremento del
liderazgo social pone de manifiesto una
complejidad creciente que implica múltiples demandas
y exige a su vez múltiples respuestas.
El esperado y necesario crecimiento cualitativo del liderazgo
político no opacaría al
liderazgo social, por el contrario, lo estimularía
en nuevos desafíos. La política como
espacio tensional para dirimir las agendas públicas
en torno del desarrollo social debe
seguir ocupando el centro de la escena para ambos liderazgos.
Hay sí un rasgo distintivo que tiene que ver con
la credibilidad depositada en los referentes
sociales, dada por su cercanía con el problema,
con la gente y una ecuación diferente en términos
discurso-hechos de la significativa brecha que presentan
nuestros
políticos en dicha ecuación.
En ambos parece haber, sin embargo, una tendencia a la
perpetuidad, en el ámbito
social se expresa en la falta de sucesión democrática
de los liderazgos o en no pocos
casos la sucesión familiar como única opción.
Esto reproduce, a nivel micro, la llamada
“captura del Estado” que se da en el ámbito
político cuando los representantes viven y actúan
como propietarios de cargos para los que han sido elegidos
sólo como inquilinos. Siendo los demás, la
gente, quienes los constituyen como líderes, se
abre un espacio de construcción colectiva, esto
es más
visible aún en el ámbito social, porque
la construcción depende de la escucha, la confianza,
la credibilidad de la gente con la que se trabaja.
Los líderes sociales no debieran olvidar su fuente
de legitimidad: el servicio, un cierto enamoramiento de
la utopía por un mundo mejor
y una pretensión de contribuir
al cambio social “con otros”.
Para ellos se plantea un desafío triple: 1) colocar
en la agenda política pública requerimientos
sociales clave; 2) presentar gestiones alternativas para
lograr resultados, y 3) mostrar la manera de conseguir
esos resultados sostenida en una ética procesual.
El liderazgo social debería construir a partir de
procesos democráticos, claros y transparentes. Tal
es la demanda que plantea la comunidad a sus líderes:
que faciliten la emergencia de las mejores condiciones
para que ella misma resuelva sus problemas,
aproveche sus oportunidades y lo haga, además, con
la gente y no a pesar de ella.
* Autor de Gestionar es hacer que las cosas sucedan y Liderazgo
y desarrollo sustentable. |
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La
construcción del liderazgo
POR GLORIA EDEL MENDICOA
El proceso de influencia entre un referente y sus seguidores
para alcanzar objetivos organizacionales constituye la
construcción
de un liderazgo.
Quien está al frente de un colectivo se define por
la capacidad de influir sobre los otros –siempre por
medios no coactivos– y apuntar a determinadas metas
logrando que el grupo las alcance.
Todo liderazgo requiere un aprendizaje. Quien comienza a
asumir un rol de referente
puede enfrentarse en su desempeño a dos tipos de problemas:
técnicos y adaptativos.
Los primeros tienen que ver con el conocimiento que exige
implementar procedimientos
organizacionales; los segundos, con el abordaje de conflictos
que involucran valores, creencias, conductas.
Enfrentar el desafío de asumir ese rol implica
motivar, organizar, orientar y focalizar
la atención. Y la medida del liderazgo está dada
por el progreso en la solución del problema.
El líder impulsa y contribuye a lograr ese progreso
en la comunidad, pero la responsabilidad es conjunta: el
líder
es parte de esa comunidad y tiene ese rol a partir
del reconocimiento de su comunidad.
Un referente social –al igual que un líder político– debe
dar ejemplo al comportarse
de manera consistente con los valores compartidos. Podría
decirse que son cinco las
prácticas que definen el accionar de los líderes:
cuestionar el proceso (apuntando a
su mejora), inspirar una visión común, permitir
que otros actúen (y contribuir a ello),
modelar el camino, alentar el corazón.
El liderazgo es tanto activo como reflexivo. Se debe alternar
entre el participar y el
observar. Tomar perspectiva y trabajar también en
pos de que los demás asuman mayores
responsabilidades. La meta, en definitiva, es que la colectividad
desarrolle una
mayor confianza en sí misma.
* Doctora en Ciencias Sociales con Especialización
en Sociología. Dirige el Programa de Formación
de Agentes para el Desarrollo Local (Fadel)
en la Universidad de La Matanza.
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